Vuelta a la selectividad casi normal

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira A CORUÑA / LA VOZ

GALICIA

Poquísimas mascarillas en el primer día de una prueba que comenzó con la Transición en la materia de Historia de España

07 jun 2022 . Actualizado a las 23:26 h.

Vuelta a la normalidad en la selectividad gallega del 2022, si es que se puede hablar de normalidad en una prueba en la que 13.000 alumnos nuevos se juegan parte de su futuro. Pero quitando los nervios y despistes propios del examen, la ABAU transcurre con la cadencia que le es propia. El primer examen fue el de Historia de España, con la Transición como tema estrella, una opción fácil para quien se ha centrado en el siglo XX (la mayoría de los estudiantes, porque el XIX, la alternativa, siempre les resulta más árido).

Pero antes de enfrentarse al temario de Historia, los alumnos entraron de forma escalonada a sus respectivas sedes, que desde las ocho de la mañana (el inicio oficial es a las 9) recibían un goteo de alumnos nerviosos, y padres y madres más nerviosos aún. Tal vez se ha notado más algarabía en las filas —en los sitios en los que había filas y no amontonamiento— ante las aulas, donde los profesores iban leyendo los nombres por orden alfabético para franquear el acceso al pupitre. A las 9.20 de la mañana la práctica totalidad de los 10.697 estudiantes apuntados a la fase general (la obligatoria, no los que van a subir nota) ya estaban en su sitio y empezaban a recibir las indicaciones básicas, la primera no escribir su nombre en el examen. Para garantizar el anonimato de los alumnos en la corrección, estos reciben unas etiquetas adhesivas con un código que les corresponde, etiquetas que no se pueden olvidar pegar en el cuadernillo de cada prueba. Para las 9.30 todo el mundo sabía lo que tenía que hacer, y aún quedaba media hora hasta el primer examen; llegaron entonces los nervios, los cuchicheos y las visitas en grupo a los baños.

En la escuela de Caminos de A Coruña las filas sí se mantuvieron como forma más ordenada de acceder a las aulas
En la escuela de Caminos de A Coruña las filas sí se mantuvieron como forma más ordenada de acceder a las aulas César Quian

Finalmente, a las diez se dio el pistoletazo de salida en unos centros en los que reinaba el silencio. Bueno, eso excepto en algunos, como Dereito de la UDC, con varias decenas de alumnos de 4.º de carrera que se dieron cita en el vestíbulo del centro para entrar en el ensayo de su graduación, en el salón de actos. Un murmullo que se convirtió en algo más y llegaba a las aulas de los estudiantes que luchaban por decidir entre la industrialización del siglo XIX, la crisis de la Restauración o la citada Transición del 78.

De las medidas físicas anticovid apenas ha quedado rastro. Pocas, muy pocas mascarillas —clases enteras sin ninguna— y una distancia de seguridad que se parece mucho a la distancia tradicional entre pupitres durante un examen. Las ventanas y puertas abiertas es una opción clásica de la selectividad, que no hay que olvidar que es junio y en muchos puntos el sol pega de lleno. Y pañuelos, unas pocas mascarillas, gel y desinfectante en las mesas de los profesores, el último recordatorio de tres años de pruebas pandémicas, que solo se mantiene en el tipo de examen, sin opción A ni B, y por tanto mucho más asequible para aprobar y sacar nota.

En cuanto al examen de Lengua Castellana, los alumnos tuvieron que analizar un texto de Imma Monsó en La Vanguardia sobre la dictadura de la estética y elegir en la parte de literatura (que ahora no es obligatoria para sacar un diez) entre el teatro de posguerra (Buero Vallejo) y la narrativa desde 1975 (Muñoz Molina). Los textos de los libros fueron Romancero gitano y Crónica de una muerte anunciada.

Buen ambiente en un aula en Santiago
Buen ambiente en un aula en Santiago Xoán A. Soler

El ferrocarril desata la alegría en la selectividad de Santiago

Era el examen que más temían. Los estudiantes de la comisión quinta de la selectividad hicieron las pruebas en la Facultade de Ciencias da Comunicación de Santiago y se llevaron una alegría cuando en el ejercicio de Historia de España, al que más respeto tenían, se preguntó por la industrialización y el ferrocarril, «nos cayó la pregunta que queríamos», aseguran Alejandro y Almudena, alumnos del Rosalía de Castro.

De hecho, tras el primer examen muchos de los jóvenes salieron exultantes, ¡ferrocarril, ferrocarril! Iria Sánchez, del municipio de Teo, dice que Historia de España es la asignatura a la que tienen más miedo todos, «es en el que más hay que estudiar y el más difícil, a casi nadie le gusta la Historia», cuenta.

Muchos de los jóvenes que se examinan tienen claro ya que van a hacer después. Iria estudiará Educación Infantil, «desde siempre quise hacerlo», y Alejandro la especialidad de Primaria. Almudena duda entre Psicología o Traducción e Interpretación. Otros, como Ruth Millares, de Porto do Son, siguen pensándolo, «alguna carrera de ciencias, pero no lo sé».

Quienes están relajados son los organizadores. Todo ha empezado sin incidencias, así que la ABAU rueda con ritmo, «el primer examen ha salido perfecto, la entrada perfecta aunque son muchos alumnos, ninguna incidencia y algunas dudas» cuenta José Manuel Blanco, el secretario de la comisión. En una pantalla un reloj digital marca el paso inexorable del tiempo. No hay relojes ni móviles en las mesas de los alumnos, así que todos echan un vistazo. Pero al menos en el primer ejercicio no ha habido prisas, «hasta nos sobraron unos minutillos».