Canicoba

25 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Todos los datos demográficos demuestran que la especie en extinción en muchas partes de Galicia es el gallego, no el lobo. Por mucho que una corriente ruralista abogue por un retorno a lo natural y haya famosos que se compran aldeas para entretenerse, el despoblamiento avanza tan inexorable como la lava del volcán, aunque sea más silencioso. Es un goteo de evadidos del rural que se van (o se mueren) sin hacer ruido, sin proclamas ni asociaciones que lo pregonen en comunicados. Hacer ruido y contar con una sigla, aunque sea fantasmagórica, es fundamental para ser alguien en estos tiempos.

Que se lo digan al lobo. Parte de una mala fama secular que se traduce en dichos, fábulas y cuentos que el niño oye desde la cuna. Esopo, Perrault, los hermanos Grimm, forman parte de una conjura destinada a presentar a la mansa especie como feroz y comedora de abuelitas, que algo habrían hecho. Hermann Hesse carga sobre el «lobo estepario» las angustias existenciales. Cuando aparece un feliz mestizaje entre lo humano y lo lobuno, como en el caso del gallego Romasanta, se lo persigue sin misericordia alguna, en vez de ver en el hombre lobo una nueva variante de género. Al despedirse de Rosalía, Curros incurre en lobofobia al decir de la poetisa: «Comesta dos lobos, comesta se veu». Es el lobo el que se camufla con la piel de cordero y no al revés, dando por supuesto que uno es naturalmente perverso y el otro inocente. Se le acusa, sin juicio previo, ni asistencia letrada ni testigos fiables, de atacar el ganado en los parajes gallegos. En fin, que su imagen es deplorable.

A pesar de todo un lobi lobuno, gracias al contacto esporádico con los humanos, se percata de que los individuos de esta especie pueden llegar a perder todo atisbo de sentido común, sobre todo si están en un ministerio sin rumbo y son urbanitas con mala conciencia como la ministra de Transición Ecológica. Basta con usar un cebo ecológico colocado por una asociación estruendosa que nadie conocía, para que el lobo se convierta en animal sagrado y todos sus detractores en lobófobos perseguibles en batidas políticas o periodísticas.