Arqueología de la vertiente sur de la N-550, el paso milenario de los romanos

pablo gonzález / oscar ayerra REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Tramo fuera de uso de la antigua N-550 entre Valga y Caldas de Reis. Solo sobrevive visible la línea central de la carretera
Tramo fuera de uso de la antigua N-550 entre Valga y Caldas de Reis. Solo sobrevive visible la línea central de la carretera PABLO GONZÁLEZ

Entre Pontecesures y Tui, la nacional recorre un surco histórico donde perviven leguarios del siglo XVIII al borde de la carretera

19 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando se cruza el Ulla en Pontecesures por la N-550, el viajero sigue un camino aún más legendario que el tramo coruñés. El corredor natural de la depresión meridiana es al sur del gran río mucho más evidente. El tren, la antigua y la actual N-550, el Camino Real y la calzada romana comparten este gran pasillo natural que parte desde la cuenca del Miño en Tui. Unas veces superponiéndose unos a otros. En ocasiones, buscando vericuetos alternativos que permiten recordar cómo eran estos viejos surcos. La arqueología de la carretera cobra aquí más sentido, pues incluso se mantienen media docena de leguarios del Camino Real entre Compostela-Padrón y Pontevedra, construido a finales del siglo XVIII y coincidente en muchos tramos con la calzada actual.

Después de recorrer el antiguo trazado de la nacional en Pontecesures -ahora la calle principal del casco urbano-, la carretera enfila hacia el sur dejando recodos a ambos lados con curvas que fueron suavizadas con el paso del tiempo. Entre Valga y Caldas de Reis destaca un tramo de este tipo en el que la maleza, milagrosamente, solo ha respetado la línea continua central de la vieja carretera de la primera mitad del siglo XX. Como si se resistiera a desaparecer del todo.

Tramo del Camino Real en Caldas de Reis
Tramo del Camino Real en Caldas de Reis P. González

Ya en Caldas de Reis, ahora rodeada por una variante construida a principios de este siglo, un vecino muestra un pequeño tramo del Camino Real. Explica que es anterior a la construcción del puente que pasa al lado del balneario. «Para cruzar el río había unas losas, y después una rampa», que servía para acceder a la fuente y el lavadero de aguas termales, cuenta. Sorprende lo familiarizado que está con los rumbos antiguos de su pueblo. El surco del Camino Real vuelve luego a la carretera, como lo demuestra un leguario perfectamente conservado a la salida de Caldas. La legua era originariamente una medida itineraria, pues se basaba en la distancia que se podía recorrer en una hora a pie o a caballo. Fue en el reinado de Felipe II cuando se estableció la equivalencia con las 6.666 varas castellanas (5.572 metros). El leguario tenía adosado un reloj de sol, para que los viajeros tuvieran una cierta noción temporal del trayecto. Los números romanos aún se leen. Solo falta el gnomon, la pieza cuya sombra se proyectaba sobre el reloj.