Negro sobre blanco

GALICIA

Pilar Canicoba

La odisea de Serigne Mbayé sería imposible en una sociedad racista como la que algunos dicen que somos

02 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Al igual que Martin Luther King en el monumento a Lincoln de Washington, el joven Serigne Mbayé tuvo un sueño en algún lugar impreciso de Senegal hace cosa de unos quince años. El líder de los derechos civiles, poco después de aquel vibrante sermón de la montaña, moriría asesinado sin imaginar que alguien de su raza llegaría a ocupar la Casa Blanca. Aquel senegalés, en cambio, figura en una lista electoral madrileña y si las caprichosas carambolas del poder le son propicias podría ser consejero, ministro o presidente. En Airbag nuestro Manquiña («el conceto es el conceto») se codea con un lendakari negro. Todavía no se llegó a eso, pero la odisea de Serigne sería imposible en una sociedad racista como la que algunos dicen que somos.

En los retales de su vida que vamos conociendo, el racismo lo sufre en el país del que huye y lo padece después a manos de las mafias de su propia raza que lo acarrean por la geografía africana y lo embuten en una patera suicida para llegar a Canarias. Ya en Tenerife no entra como esclavo en una plantación de algodón, ni malvive en la cabaña del tío Tom, ni sirve en la mansión de la señorita Escarlata. Una vez en A Coruña, su siguiente escala, no se ve obligado a rebelarse contra la segregación en los autobuses como Rosa Parks en Montgomery ni ha de sentarse aparte en los sitios públicos. En Madrid ejerce la actividad alegal de mantero sin ser reprimido como Kunta Kinte, y logra la nacionalidad española sin las limitaciones que los negros americanos tuvieron hasta la Ley de Derecho al Voto de ¡1965!

Es una historia reconfortante en la que los gallegos podríamos ver reflejada la gesta de tantos parientes que también tuvieron un sueño y marcharon con él en la maleta hacia la tierra prometida. Sin embargo hay una diferencia gruesa que separa ambas epopeyas. Nuestros paisanos alaban a su tierra adoptiva, están orgullosos de ella, se convierten en portavoces de sus méritos, se ponen a sí mismos como prueba de la capacidad de acogida de sus anfitriones. Su actitud se parece al hilo argumental de Barack Obama o Kamala Harris quienes, sin olvidar que siguen existiendo episodios racistas como la muerte de George Floyd, lucen su orgullo por el triunfo de la integración racial en USA.