Baltasar Garzón: «Fue una década de caza sistemática»

Defiende cada paso procesal dado hace 30 años y presume del camino abierto


VIGO / LA VOZ

El covid-19 se apropió de Baltasar Garzón (Jaén, 1955) para lograr lo que mucho antes ya intentaron sus enemigos en el narcotráfico en Galicia y lo que no es Galicia. Sobrevió a todo, incluso a la política, síntoma claro de supervivencia, aunque sea con cicatrices por el virus y lo que no es el virus. Pero pocos, o nadie, mejor que él para rememorar a qué sabía aquella Nécora cocida hace ya tres décadas.

-¿Cómo está del covid-19?

-Bien, bien, casi bien. Aún tengo afectados los pulmones, poco a poco.

-¿Se vio más allá que aquí?

-Son momentos complicados y da tiempo de pensar casi de todo. La soledad, el agobio, no poder respirar tampoco ayuda. Brutal.

-30 años de su Nécora...

-Parece que fue ayer y ya pasaron 30 años. Se recuerda en la distancia, pero es inolvidable. Para mí marca un antes y un después en mi vida profesional.

-¿Lo dimensionó con antelación?

-Eso, creo, nunca puede decirse. Los análisis retrospectivos son muy fáciles, pero en ese momento ni eres, ni tienes tiempo para ser consciente. Sí sabíamos que era la primera vez que se abordaba con una amplitud tan grande y compleja. Suponía cuadrar y cuajar una investigación que no buscaba droga, era contra el tráfico de drogas. El objetivo real era la organización, su núcleo, documentos, finanzas, estructura, porque los alijos, aprehensiones de sustancias acabarían llegando, aunque en Galicia ya se dieran con anterioridad, como el Terral Colindres, con Antolín Fernández Pajuelo a bordo en 1989. Precisamente él hizo que dejásemos de veranear un año en Galicia por un posible atentado contra mi familia en la casa de Tomiño, según me informaron. Un pequeño detalle que demuestra que, tras aquella mañana de 1990, hubo un antes y un después.

-¿Cuántas veces le preguntaron si Galicia podía «sicilianizarse»?

-Eso responde a un tópico, pero de no haber actuado las redes criminales se hubieran arraigado aún más... No podemos olvidar que el crimen organizado y el narcotráfico aprenden mucho y de forma inmediata de sus propios errores y de los aciertos de los demás. Nosotros lo sufrimos: sabían de intervenciones telefónicas, de cooperación jurídica internacional, de comisiones rogatorias, ¡era impresionante!

-¿No le causaban recelo las contradicciones del testigo clave, Ricardo Portabales?

-Cualquier testimonio de un arrepentido vinculado a estructuras criminales es contradictorio. La labor de los investigadores, y es a lo que nos empleamos tanto el fiscal, Javier Zaragoza, como la Policía Nacional, fue a desentrañar esas contradicciones. Puedo decirle que hubo muchísimos datos que desestimamos por falta de consistencia. Me encontré en mi vida profesional con otros muchos testigos parecidos, y en todos hubo que analizar y sopesar. Solo si hay coherencia se actúa y, en ese sentido, Ricardo Portabales aportó elementos muy importantes que se contrastaron, ampliaron o desecharon. Lo mismo en el caso de Fernández Padín, aunque su testimonio era más reducido y contundente. Además, era la primera investigación en España apoyada en arrepentidos, y ni entonces, ni ahora, se ha abordado con seriedad un mecanismo legislativo de protección para esta figura colaborativa y los límites de la misma. No hay, a día de hoy, una estructura de protección de los mismos. Sí lo hay de testigos y peritos, pero no de personas que participen en los hechos más allá de una reducción de pena. Es gravísimo.

-¿Le faltaron mimbres procesales en la Nécora?

-Acabo de decir que faltaba, y falta, estructura para los arrepentidos, pero también para los agentes encubiertos o entregas controladas de dinero. Todo eso lo fuimos creando, los abordajes de barcos en alta mar que ya en 1989 se producían. Interpretamos la normativa internacional porque en España no estaba previsto. Luego, el Tribunal Supremo fue confirmando en unos casos y en otros no tanto. Íbamos salvando permanente las limitaciones de la legislación española para un problema absolutamente real. Aunque oficialmente hubiese reticencias a reconocerlo. Fue una década de investigación, de caza sistemática.

-¿Llegó a verse en Suecia recogiendo el Premio Nobel de la Paz?

-No, pero sí agradecí a todas las buenas gentes de Galicia y España que al principio de este siglo hicieron una campaña muy, muy gratificante. Bueno... recogían todos esos esfuerzos hechos y siempre se lo agradecía a la sociedad civil, a las víctimas, organizaciones, recuerdo a Érguete aquel 12 de junio barriendo con escobas delante de la comisaría de Vilagarcía. Me quedan tantos buenos recuerdos y buenos amigos con los que lidié en mil batallas dentro y fuera de España contra el narcotráfico. Yo siempre he trabajado por el servicio público y la Justicia, no por los premios. La Justicia es un servicio público y los ciudadanos, el pueblo, tienen el derecho a exigirnos todo, todo lo que podamos.

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