Muerte en Muimenta: «Vivía por e para ela», dice el padre de la pequeña Desi

José Manuel Leal veía a su hija solo dos fines de semana al mes y luchaba para conseguir la custodia compartida

La pequeña Desi Leal posando con su padre en una imagen cedida por José Manuel Leal
La pequeña Desi Leal posando con su padre en una imagen cedida por José Manuel Leal

LUGO / LA VOZ

Arropado por todos, inmerso en un profundo dolor, impotente, mostrando incontables fotos, vídeos, una casita de cartón que su pequeña había pintado recientemente y una hucha de barro que ambos construyeron el último fin de semana que pasaron juntos, José Manuel Leal nos muestra a su pequeña Desi, la niña de 7 años que hace más de una semana apareció sin vida en extrañas circunstancias en la casa de Muimenta (Cospeito), donde residía con su madre y su abuela.

Cuenta este padre que su mayor ilusión era que llegaran las siete de la tarde de los dos viernes de cada mes que le tocaba estar con su niña para ir a buscarla y disfrutar de ella todo el fin de semana. Añade que sus compañeros de trabajo, conociendo su situación, le mostraron desde siempre su apoyo y, si coincidía que el fin de semana que le tocaba tener a su hija tenía que trabajar, le cambiaban el turno para que pudiese compartir tiempo con ella. Lo recalca y agradece de corazón.

Una vez con su pequeña, explica que solía llevársela a su casa natal de Roupar, en Xermade, donde la esperaban sus abuelos, tíos y primas. «Vivía por e para ela. A miña única ilusión era disfrutar dela o pouco tempo que me correspondía e darlle todo o que podía», asegura este padre, que entre hipoteca, gastos y la pensión a la madre de su niña pasaba dificultades para llegar a fin de mes, según cuenta. «En min nin pensaba. Con tal de que ela tivera todo, xa me chegaba», dice.

La recogía delante del domicilio de Muimenta, donde la pequeña vivía, y con la llegada de las siete de la tarde del domingo relata que se le presentaba el peor suplicio: dejarla en la casa materna, bajarle la maleta, despedirse de ella recordándose ambos que se querían y pensar en no poder verla hasta quince días después. Añade que siempre le embargaba la tristeza cuando partía hacia A Coruña, donde ejerce como guarda de seguridad en un centro comercial, para al día siguiente acudir a su puesto de trabajo.

El fatídico viernes, 3 de mayo, esperaba que llegara la hora para ir a buscar a su pequeña, pero a las nueve y media de la mañana, cuando estaba trabajando, recibió la llamada de familiares maternos de la niña anunciándole lo nunca imaginado: «Desi morreu», le comunicó la abuela materna. En el peor y más largo viaje de su vida, partió rumbo a Muimenta y se encontró el despliegue. Permaneció allí hasta que levantaron el cadáver de su niña pero sin poder verla. «A última vez que falei con ela foi o mércores día un pola noite. Chamaron meus pais porque querían ir vela a tocar a pandeireta pero non collía o teléfono. Non foi ao evento e ata a noite non a localizamos. Dixo que non fora ‘porque non’. Despedímonos ata o venres e nunca máis a verei», concluye el padre de Desi.

Una imagen de Desirée procedente del álbum familiar de su padre
Una imagen de Desirée procedente del álbum familiar de su padre

Risueña, amante de los animales y fan de los unicornios

El próximo día 15 de julio, Desi cumpliría ocho años. Uno de los regalos que más ilusión le haría recibir sería un animal. Sentía auténtica pasión por ellos y dado su cuidado y mimo hacia ellos, apuntaba maneras como futura veterinaria. Achuchaba a Turbito (también fallecido) y Calcetín, dos de sus perros que tenía en casa de sus abuelos paternos. Hasta tal punto adoraba a los animales que su padre tuvo que cumplirle el gusto y regalarle unos hámsteres y cuando regresaba de la playa traía a casa el cangrejo o pececito que había logrado coger en el mar.

Últimamente, había centrado su atención en los unicornios, esos seres mitológicos cuya leyenda dice que brindan protección contra todo tipo de venenos y enfermedades. Siempre quería dormirse con el pijama de unicornios que le había regalado su padre y el próximo regalo para ella eran unos lápices con este animal mágico.

Desi era una niña de imborrable sonrisa, mirada angelical y pícara a la vez, tal y como muestran las fotos que su padre cedió para este reportaje. Poseía un carácter inteligente y extrovertido. Así lo demostraba en las fiestas y celebraciones donde tocaba la pandereta. También le encantaba pintar y hacer manualidades, unos trabajos que, junto a sus fotos, permanecen expuestos por toda la casa de sus abuelos paternos, en Roupar, Xermade. Lo que menos le gustaban eran los números. Las matemáticas no eran su fuerte, pero con tan solo 7 años le podía la constancia.

Su color era el azul y su mejor compañera era su prima Valeria. Con ella pasaba horas de juego y diversión. Además de su «papi», el abuelo era su protector y su abuela su confidente. El último viaje con ellos fue en Semana Santa a Viveiro, donde disfrutaron de un día entrañable en familia. 

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