Las velutinas mueren a tiros en Tomiño

Dos vecinos destruyen nidos disparándoles, con una escopeta de balines, miel y matagarrapatas


Tomiño / la voz

Jesús Barros y Guillermo Álvarez no matan moscas a cañonazos, pero sí avispas a balinazos. Estos vecinos de la parroquia de Goián, en el municipio pontevedrés de Tomiño, le han declarado una guerra sin cuartel a las velutinas y, en tres años, han eliminado unos 390 nidos. Fueron pioneros en el sistema de atraerlas con mejunjes a base de alcohol y azúcar para que se ahogaran embriagadas, y después en el más extendido, que es el de quemar los nidos con soplete. Pero es ahora cuando consideran que han dado con el método «más seguro, fácil y útil».

Donde pone el ojo Guillermo, «que tiene una capacidad visual increíble para dar con los nidos», según su compañero de equipo, Jesús pone el balín. Esta etapa de su cruzada surgió al intentar buscar una alternativa a largas noches en vela, bombona y soplete en mano, jugándosela a varios metros de altura o entre humedales, que son los parajes más atractivos para la especie asiática. Primero comprobaron experimentalmente la eficacia de las pipetas para matar garrapatas de los perros sobre el insecto enemigo. Las cazaron al vuelo, literalmente, con un ganapán. «Con el guante se pone boca arriba, porque si no te pica, le echas la mezcla de miel y veneno en el culo con un palillo y las sueltas», explica Barros.

Tiene su intríngulis, «porque hay que poner la medida exacta para que no muera antes de llegar al nido ni le impida el vuelo al tocarle las alas». El tándem ya determinó previamente la localización del nido vigilando las rutinas de las reinas, así que también calcula los tiempos aplicando la fórmula universal del espacio y la velocidad. «Tienes que aplicar la cantidad exacta para asegurar que llega y, aunque ella muere, queda contaminado todo el nido y ya lo hemos probado con varios», insiste el equipo con demostrada experiencia y eficiencia.

La perfección de su método llegó economizando recursos y multiplicando el potencial mortífero del sistema, que ataca directamente al centro de operaciones del enemigo. Fue entonces cuando Jesús Barros se acordó de la escopeta de balines que guardaba en casa. «Nunca la usé mucho, ya casi estaba olvidada, pero me acordé de que hasta tenía una mira telescópica de 200 metros», explicaba ayer en Goián. Poco más medió hasta que Jesús y Guillermo acordaron la reformulación de su patente para que el veneno llegara adonde no podían subir o bajar ellos. «Cogemos los balines, les colocamos una punta con algodón sobre la que vertemos la miel con el matagarrapatas y disparamos a la distancia exacta para que impacten dentro del nido», indican.

En las últimas semanas ya han acabado con nueve nidos escopeta en mano, decenas más con el sistema manual. Así que, «sin duda, el chollo está bien. Ya han venido personas de otros municipios para utilizar el método del ganapán e incluso se usó el otro día en la corta de unos eucaliptos en Santa Trega, donde aparecieron miles de velutinas», confirman. Ahora, tras dar con el nido y, aunque se esconda entre el follaje a metros de altura o en las islas del río Miño, ya no precisan ni escalera. «Con tres o cuatro balinazos ya acabas con el nido, en medio día mueren todas», aseguran. Calculan hasta la distancia de los disparos, «porque el balín tiene que clavarse en el nido para que funcione».

Desde el pasado mes de mayo preferían no emplear el sistema del soplete por los evidentes riesgos de incendio; además conllevaba desplegar metros de cañas o escaleras y trabajar solo de noche. Con la escopeta de balines pueden acabar con los nidos de día. Jesús Barros tiene en casa más de mil reinas de las que cayeron este invierno en sus trampas y ya prepara otro centenar de artefactos caseros para el otoño, por si no acaban con ellas ni a tiros.

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