Galicia, ante la quinta era del fuego

Los expertos debaten si sociedades como la gallega sufrirán incendios cada vez más grandes y menos controlables

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redacción / la voz

Antes de la presencia humana en la tierra, los incendios se producían por fuentes de ignición naturales como los rayos o los volcanes. Después llegó el hombre con su incipiente control del fuego, causando los primeros incendios atribuibles a sus actividades. En el neolítico, estos incendios estaban orientados a mejorar las primigenias actividades agrícolas. La cuarta fase pírica descrita por el experto David M. Bowman es la que se vivió desde principios del XIX hasta el siglo pasado, en la que los fuegos están relacionados con los avances de la industrialización, así como las repoblaciones masivas impulsadas por la Administración, que llevó en Galicia a drásticas modificaciones en la propiedad de los montes y otros relevantes cambios socioeconómicos en las zonas rurales, que comenzaron a despoblarse dramáticamente.

El catedrático de Edafología de la USC Francisco Díaz-Fierros, coordinador del libro Incendios forestales. Reflexiones desde Galicia (Hércules de Ediciones), reflexiona en su artículo para esta publicación sobre las distintas etapas del fuego en la Tierra y refleja el debate científico sobre si ya estamos en la quinta era incendiaria, caracterizada por megaincendios cada vez más difíciles de controlar, azuzados por el cambio climático -una tendencia a sequías más prolongadas- y otros factores, como la despoblación rural, el urbanismo descontrolado y la abundancia de biomasa combustible en los montes, debido al abandono de las actividades tradicionales en los bosques, como la recogida de leña o la convivencia de la explotación forestal con la ganadera.  

No todos los expertos son tan tajantes con la idea de que estemos en la era de los megaincendios. Jesús San Miguel-Ayanz, coordinador del Sistema Europeo de Incendios Forestales, en un amplio estudio sobre el área mediterránea europea, no encuentra un aumento de los grandes incendios hasta el 2010. Pero parece evidente que los servicios de extinción se enfrentan a un nuevo tipo de incendio muy peligroso para los asentamientos humanos en la frontera entre lo urbano y lo natural, avivado por fuertes vientos y la baja humedad en el aire y el suelo, y que se beneficia de un ingente material combustible. En Galicia y otros territorios del noroeste español, además, se suma el factor de que las quemas agrícolas y ganaderas se han prolongado en el tiempo desde la segunda edad pírica, más que en otras zonas de Europa.

Los mortíferos incendios de Portugal el año pasado, y en menor medida los de Galicia en octubre del 2017 -California y Australia los sufren desde hace tiempo- serían exponentes de esta quinta era incendiaria marcada por la intencionalidad. Díaz Fierros recuerda que el propio Bowman realizó una relevante investigación global mediante satélite entre los años 2003 y 2012, en la que se demostraría la incidencia de estos megaincendios. Otros estudios resaltan la tendencia al aumento del riesgo en períodos más amplios, algo que también sucede en Galicia, especialmente en la primera parte del otoño.

El propio Díaz-Fierros refiere que los grandes incendios (superiores a 500 hectáreas) «experimentaron una progresión creciente». La superficie quemada por estos fuegos pasó del 10,6 % en el período 1991-2000, fue del 27,8 % hasta el 2010 y subió al 38,2 % desde el 2011 hasta el 2017.

El catedrático emérito de la USC incide en las razones de que exista una mayor acumulación de biomasa combustible, que en cierta medida se ha ido reduciendo en los últimos meses en el entorno de las zonas pobladas gracias a la normativa sobre franjas de protección. Entre las causas se señala el abandono de amplias zonas del campo pero, paradójicamente, Díaz Fierros se refiere a algunas teorías «sobre la posibilidad de que la mayor eficacia de los medios de extinción, que actuaban prioritariamente sobre los incendios de pequeño o medio tamaño, pudiera estar favoreciendo una mayor abundancia de combustibles en terrenos forestales».

La afectación de estos grandes incendios a personas y propiedades también tiene un referente científico en Galicia con el estudio realizado por María Luisa Chas Amil y otros expertos sobre el riesgo de incendios en lo que se denomina interfase urbano forestal, aquellas zonas urbanizadas que están en contacto con el monte. En Galicia, cerca del 70 % del número total de edificios se sitúa en esta frontera entre lo natural y lo artificial, donde el riesgo de incendios aumenta considerablemente, pues son dos veces más frecuentes que en el resto del territorio. Esta situación es especialmente relevante en el suroeste de Galicia, donde precisamente se produjo la oleada de incendios de octubre del año pasado. El estudio, presentado en un congreso forestal hace cinco años, ya alertaba de la vulnerabilidad de la comunidad gallega en caso de grandes incendios en estas zonas.

Xunta y Fegamp crean un sistema público para proteger los núcleos poblados de los incendios

Domingos Sampedro
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La sociedad Seaga asumirá la limpieza de las franjas de seguridad, con tarifas medias de 350 euros por hectárea

El Gobierno gallego y la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp) han cerrado un pacto para implantar un sistema público de gestión de la biomasa de las franjas de seguridad de 50 metros que rodean los lugares de población. En virtud de este acuerdo, que este jueves recibió el visto bueno del Consello de la Xunta, será la empresa pública Seaga la encargada de asumir las labores de desbroce y limpieza de estas franjas en caso de que no puedan o no quieran hacerlo los concellos o los propietarios.

En virtud de este acuerdo, cualquier particular puede trasladarle a Seaga la pelota de la limpieza de sus parcelas que se sitúen en estas franjas de seguridad en torno a lugares habitados. Eso sí, a cambio deberán abonar la correspondiente tarifa, que tendrá un promedio de 350 euros por cada hectárea o 10.000 metros cuadrados

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