La decisión de Feijoo

El presidente de la Xunta reflexiona sobre su futuro tras mantener su agenda pública y esquivar la presión mediática

Romay Beccaría, mentor político de Feijoo, coincidió con este en un acto en Santiago
Romay Beccaría, mentor político de Feijoo, coincidió con este en un acto en Santiago

santiago / la voz

«No me veo en ese puesto». Si Alberto Núñez Feijoo (Os Peares, 1961) hubiese persistido en esta idea, hoy no estaría reflexionando sobre si debe intentar restaurar la hegemonía del PP en España o si se queda en Galicia escribiendo las últimas páginas de su vida política. Si hay que ponerle una fecha de inicio a su trayectoria pública, la más ajustada ronda el mes de julio de 1991, cuando rechazó de primeras una oferta de José Manuel Romay Beccaría para ser su número dos en la Consellería de Agricultura.

Al final dio el paso, pero le costó, porque tenía 29 años y apenas conocía a aquel señor tan influyente de Betanzos, que vive estos días el punto final de su prolongada carrera desde la presidencia del Consejo de Estado, su última estación. El viernes por la tarde se lo encontró por sorpresa en un acto celebrado en la Facultad de Medicina de Santiago. No lo esperaba ver allí, y el saludo de su mentor fue tan sencillo como sentido, como diciéndole, tú sigue adelante con lo tuyo, que yo ya ando a otras cosas.

El acto académico era lo suficientemente solemne como para que nadie le importunase con preguntas incómodas fuera de guion, tampoco en los corrillos que se forman habitualmente en torno al de Os Peares. A solo unos metros, en el hotel del convento de San Francisco, le esperaban para una cena con ingenieros informáticos, en la que se comportó «como siempre», aseguran los que estuvieron cerca de él. El ambiente fue sosegado, como reclamaba. Después se retiró a pensar en el resto de su vida.

Desde hace un año y medio Feijoo ha cambiado dos hábitos, al principio y al final del día. Se levanta, y en vez de leer las noticias, va a la cuna del pequeño Alberto. Y por la noche, evita cargar la agenda con actos institucionales o cenas como la del viernes para poder llegar a casa a una hora decente y compartir algo de tiempo con su pareja, la directiva de Inditex Eva Cárdenas, con la que ha construido un dique de abrigo personal y familiar con el que no contó en otros momentos clave.

La que siempre estuvo a su lado desde los comienzos y nadie duda que seguirá mientras tenga vida pública es Mar Sánchez Sierra, la secretaria xeral de Medios. Con más o menos cercanía, siempre ha sido el apoyo de Feijoo para las cuestiones informativas, pero lo de las últimas semanas ha sido llamativo. Salvo en actos contados, en los que es relevada en el frente por los periodistas Marta Varela y Lucas Martinón, ha estado pegada al presidente, sufriendo en sus huesos las melés de reporteros y cámaras que se arremolinan en torno al «jefe» cada vez que entra o sale de un acto del partido en Madrid. A pesar de su evidente desventaja física ante la marabunta, siempre logra imponerse para zanjar a tiempo los canutazos cuando las preguntas empiezan a repetirse o se van de madre. Lo graba todo, lo revisa todo y cada poco tiempo recibe detallados informes de su equipo de seguimiento informativo para preparar respuestas y evitar que nadie pille con el pie cambiado al presidente. Y menos en estos días.

Como un consejero delegado

Pero hay más baluartes. De forma premeditada o no, con el tiempo Feijoo ha ido configurando un equipo de máxima confianza hasta asemejarse más a un consejero delegado de la Xunta que a un presidente. Además de la sólida y nutrida pata mediática, siempre tiene de mano para las cuestiones legales a su jefe de gabinete, Álvaro Pérez López; y fuera del núcleo presidencial de San Caetano, en todo lo que se refiera a economía, su muleta es Francisco Conde, que fue su asesor en el primer mandato y conselleiro en los dos últimos. El monfortino, que no se ha preocupado por cultivar su perfil político, se incorporó a la Xunta en el 2009 dejando atrás años de dedicación académica en Madrid, pero allí sigue su familia y cuesta pensar que se vaya a aferrar al cargo en Santiago si encuentra un motivo para volver a la capital.

Al menos tres personas más se van a enterar antes que el resto de su reflexión: Alfonso Rueda (vicepresidente), Pedro Puy (portavoz parlamentario) y Miguel Tellado (secretario general del PPdeG) están en su agenda de favoritos para las cuestiones del Gobierno, del Parlamento y del partido en Galicia. Dependiendo de cuál sea su decisión, los tres saben que vienen meses de trabajo, muchos cambios y sensibilidades a flor de piel.

Con más foco o en posiciones secundarias, todos serían protagonistas de excepción en uno de esos documentales o culebrones mediáticos sobre «la decisión», que tan de moda se han puesto entre las estrellas deportivas y con final imprevisible: Neymar se fue. Griezmann se quedó.

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Más allá de alguna candidatura excéntrica, el tablero de juego en el que se desarrolla la partida para suceder a Mariano Rajoy al frente del PP continúa bloqueado, y así permanecerá al menos hasta que Feijoo resuelva su futuro. De la decisión del titular de la Xunta depende la postura que tomen las otras dos candidatas que suenan con más fuerza. La secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, ya trasladó a sus colaboradores que cederá todos sus apoyos a Feijoo en caso de que este decida dar el paso. Su gran antagonista, Soraya Sáenz de Santamaría, en los últimos días ha efectuado un discreto movimiento de peones con la salida a la palestra de Alfonso Alonso diciendo que nadie como la exvicepresidenta para llevar a cabo la reconstrucción del PP.

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