«En trinta anos nunca nos secara o pozo»

Aumentan exponencialmente los núcleos de población con problemas de abastecimiento

«En trinta anos nunca nos secara o pozo» Aumentan exponencialmente los núcleos con problemas de abastecimiento de agua. En Carballo 43 núcleos reciben la visita de la motobomba de Protección Civil

redacción / LA VOZ

Una boca de riego próxima al Centro Comercial Bergantiños, en el municipio coruñés de Carballo, es desde hace varias semanas parada obligada para Juan Carlos García. No conduce un taxi. Tampoco un autobús. Pero el servicio público que presta tiene un valor incalculable para decenas de familias de este municipio. Al volante de una vetusta motobomba Pegaso, este técnico de bomberos de Protección Civil inicia su jornada a primera hora de la mañana. «Os veciños póñense en contacto con nós e imos repartindo auga en función dos pedidos», comenta desplegando una manguera del camión al enganche que tiene la hidrante. Llenar el depósito apenas lleva 10 minutos. Pero su día será maratoniano. Actualmente son ya 43 los lugares de diferentes parroquias que estarían sin agua. De no ser por él, claro. Ni una gota en los pozos. No hay caudal en las traídas vecinales. En los depósitos ya no queda absolutamente nada. Este técnico y su ayudante pueden hacer en una sola jornada hasta siete viajes, volviendo entre cada uno de ellos a este punto para llenar la cisterna de su camión si es necesario.

El problema se agrava. El rugido del motor diésel de la motobomba nos acompaña durante los diez kilómetros de trayecto hasta el lugar de A Granxa, en la parroquia carballesa de Entrecruces. Allí, nos desviamos de la carretera provincial que lleva a Santiago y aún recorremos otros 300 metros. Acabado ya el asfalto y entre árboles, descubrimos un depósito de hormigón. Juan Carlos levanta la arqueta: «Estivemos aquí o venres pasado e mira xa como está». En efecto, apenas una fina película de agua se distingue en el fondo. Este es el punto de abastecimiento para más de cuarenta viviendas de la zona. «O verán xa foi como foi, e agora este outono non deixa unha pinga. Ten que chover bastante para que os mananciais volvan ter auga suficiente», dice García. Y es que en condiciones normales, este depósito y la traída vecinal no necesitarían ningún tipo de ayuda externa para mantener un nivel suficiente. Pero eso hace ya más de dos meses que no ocurre. Ahora parece increíble recordar que hace año y medio, en marzo del 2016, una tromba de agua que duró varias horas anegaba por completo el centro urbano de este concello y dejaba problemas en otros municipios aledaños. Aquellas fueron las peores inundaciones de los últimos 17 años. Quizás ambos fenómenos, el de las lluvias torrenciales por un lado y el de la extrema sequía por el otro, sean sintomáticos. «Eu a isto xa non lle chamo seca, cada ano vai a peor. É cambio climático», puntualiza García.

El pozo de barrena, la gran salvación. Desplazarse al siguiente punto será más fácil. No van a ser necesarias las aptitudes todoterreno del camión. Tras una parada técnica en la boca de riego de donde bebe de nuevo la motobomba, el siguiente destino es As Pallas, un núcleo en la parroquia de Artes. Aquí, al menos cuatro viviendas unifamiliares reciben con una periodicidad semanal la visita de estos aguadores. No es de extrañar que los vecinos los saluden con cierta efusividad: «Estamos cubrindo unha necesidade básica, é normal», comenta el técnico de Protección Civil.

«Coa motobomba estamos cubrindo unha necesidade básica para moitos veciños» Jorge Arijón abre las dos hojas del portal de acceso a su casa. La motobomba entra marcha atrás, para tener así la boca de salida más accesible. Requiere cierta pericia. Al fondo de la parcela, en un cobertizo, un depósito de fibra de vidrio espera impaciente la llegada del líquido elemento. «Tivemos que facernos con el [con el depósito], e dende entón xa viñeron tres veces a enchelo», detalla Arijón. Vive aquí con sus padres y asegura que en casa nadie recuerda algo así: «En máis de trinta anos nunca nos secara o pozo, é a primeira vez». Llevaban captando agua de él toda la vida. Y, de todos sus vecinos, los únicos que están a salvo de este pertinaz fenómeno son, por ahora, aquellos que tienen un pozo de barrena. Son más profundos y por lo tanto mucho más costosos de construir. El resto esperan que de los suyos, que nunca les fallaron, siga manando agua.

Para todo, menos para beber. Abrir el grifo y que no salga nada es traumático. Sobre todo por lo insólito. «Nós usamos a auga para lavar a louza, a roupa... incluso para ducharnos. Non se pode facer nada sen auga», reflexiona este vecino mientras su depósito roza el lleno. Para beber recurren al agua embotellada. A toda prisa y con una agilidad atlética la manguera es enrollada. Se recoge en su sitio y el sonido del motor cobra de nuevo protagonismo. La ruta del agua en Carballo no ha hecho más que empezar. Habrá reparto en otros 40 lugares antes de que acabe esta semana.

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