«Nunca estamos desbordados»

En el corazón del 112: el centro de atención de emergencias reforzó ayer en un 50 % su atención a las llamadas

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santiago / la voz

«Aquí, el trabajo gordo ya lo hicimos ayer». Lo explica José Cores, el técnico que ayer estaba de guardia en el 112 y que, pese a las alertas roja y naranja que fueron ampliando su amenaza a medida que transcurría la jornada, pasó un día bastante tranquilo. La idea era convivir con los operadores de la central gallega de emergencias una jornada que se preveía de tensión y múltiples incidencias. Teléfonos sonando de forma ininterrumpida, carreras entre las mesas, avisos en las pantallas... Pero la realidad fue mucho menos peliculera.

A las 11 de la mañana, el parte de incidencias era más abultado que un día normal, con 207 anotaciones, de las que 132 se correspondían a árboles caídos, que llegaron a 356 a las seis de la tarde. La mayor parte de las llamadas llegaron desde la franja costera de las provincias de A Coruña y Pontevedra. «Todo es protocolo», aclara el técnico. El operador recibe la llamada, la codifica y, según la incidencia, el propio sistema deriva el recurso: una urgencia médica, al 061; un árbol caído, a Protección Civil del concello afectado, la Policía Local... «Ayer [por el miércoles] recibimos la información meteorológica; nos reunimos, la evaluamos y aplicamos las medidas preventivas», explica el subdirector de Planificación y Protección Civil, José Antonio Grandas. Por eso decían que el trabajo gordo había sido el día anterior. Aunque ayer miles de personas en toda Galicia estaban listas para ser movilizadas a través de la gestión del 112. Y bastantes lo fueron.

El selfi junto a las olas

El director, Luis Menor, llega algo más tarde para volver a hablar de la importancia de la prevención, de la colaboración ciudadana, de la cultura de la autoprotección: «En términos generales, cada vez funciona mejor», dice. Sin embargo, pese a todo ese trabajo previo, Cores, el técnico de guardia, recuerda que nada puede evitar que haya alguien que vaya a hacerse una foto junto a una ola. No será hoy, afortunadamente.

La jornada transcurre con la normalidad propia de un día de temporal. Más árboles, garajes inundados, una caja de timbre que arde, más árboles... «Nos llaman hasta porque se ha extraviado un perro», admite Grandas, el subdirector: «Siempre hay algún gracioso, pero en la inmensa mayoría de los casos, el servicio se utiliza de forma adecuada».

Un día como el de ayer, quince operadores por turnos atendían las llamadas recibidas desde toda Galicia. El refuerzo fue de un 50 % sobre un día normal. No hubo sobresaltos. Hay que recordar que en este local se gestionaron catástrofes como la del Alvia. «O la de los incendios del 2006», recuerda el técnico. Aquellos apurones son extraordinarios: «Aquí podemos trabajar con más o menos intensidad, pero nunca estamos desbordados. Todo esto está muy bien dimensionado», asegura Cores ,que espera, como el resto del personal, el inminente traslado a las nuevas instalaciones de A Estrada. La de ayer puede que fuera la última alerta roja gestionada desde San Marcos. O no, que con las emergencias, por mucho que se planifique, nunca se sabe.

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