«O que quero é non volver ser nunca unha zona cero»

Así recuerda la tragedia los vecinos de Muxía 14 años después


Carballo / La Voz

En O Coído de Muxía, zona cero del Prestige, los niños se columpian en un día azul de octubre y los peregrinos bendicen sus rostros con el sol. El mar levanta tranquilo crestas de espuma blanca. Juan Manuel García Marful, marinero y extrabajador de la mercante, cruza la plaza con su caña para ir a pescar. Un pinto o una maragota, quizás. Tiene 54 años y espera jubilarse en tres. En noviembre se cumplirán 14 de la marea negra: «Estaba no mar e mandáronnos vir para terra. Aquela impresión foi moi grande, moi dura. Todo isto que ves era negro, chapapote». Vive en O Coído y, pese al impacto, asegura que incluso imaginó un futuro peor: «Sabía que aquilo non ía ser para toda a vida, pero non pensei que se limpara así axiña, polo menos en superficie. Hai que darlles as grazas aos voluntarios». Cree que el pulpo se resintió y se pregunta cómo estarán los fondos.

El Prestige, dice, sigue saliendo a veces en alguna conversación de bar. No obstante, opina José Ramón Vilela Ferrío, «a vida segue». Él era en el 2002 presidente de los percebeiros de Muxía, cargo que dejará en breve, por jubilación. Pese a todo, no olvida: «Aínda hoxe me custa falar daquilo, daquel desastre. Os primeiros días pensei que non pasabamos dela». Agradece el trabajo de la marea blanca y de todos cuantos ayudaron: «Sen eles custaríanos moito saír. Non se lles pagará nunca. Tamén é verdade que aquí temos un mar bravo e que bota todo para fóra. Se fose no Mediterráneo...». En su memoria guarda otras catástrofes, como la del Cason, y dice que en el Prestige fue la primera vez que vio una compensación a los marineros: «Pero hai cousas que non se pagan con diñeiro». Sobre lo del brexit y la reclamación de España prefiere ser cauto: «Esas cousas fánseme un pouco grandes a min. Son cousas complicadas das que prefiro non opinar». Mira al mar y dice que se lo debe todo. Percebeiro desde los 12 años, con él pudo dar estudios universitarios a sus hijos: «Non sei facer outra cousa». Luchó mucho, es cierto, y tiene un anhelo: «O que quero é non volver ser nunca unha zona cero».

El ceense David Creus es este año profesor de dibujo en Muxía. Estaba dando clase cuando se enteró de la catástrofe. Las informaciones se enredaban. Días después se acercó a la zona y vio el chapapote, incluso fue de los que lo recogió en días libres. Evoca una gestión política de confusión y cree que, al margen de los adelantos a los marineros o de que se haya señalado solo al capitán, a nivel económico y social, a nivel global, no hubo resarcimiento de ningún tipo. Aunque en superficie, aparentemente, dé sensación de limpio, recuerda que los cambios de mareas siguen desenterrando hoy galletas en playas como la de O Rostro, en Fisterra.

María Manuela Toba, muxiana, se dedica a recoger algas: «Eu penso que polo que pasou non pagou ninguén». Vive en O Coído y no pensó volver a verlo como lo conocía. Dice que los voluntarios merecen «o ceo» y cuando se le pregunta qué sintió al ver su mar negro, lanza un suspiro largo: «Aquilo daba moita pena. Que nunca máis volva».

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