Una batalla por el poder trufada de reproches

La pugna interna dejó en segundo plano la propuesta política de cara a las elecciones autonómicas


Vigo / La Voz

Cuando tras las elecciones generales de diciembre En Marea se topó con el reglamento del Congreso y vio frustrada su promesa de formar grupo parlamentario propio, Xosé Manuel Beiras acuñó la idea de que crear un partido político integrado por la militancia de todas las fuerzas de la coalición y sus candidaturas locales permitiría burlar el articulado de la Cámara baja y lograr escaños diferenciados en la nueva legislatura y salirse de la sombra de Podemos.

Pero sus socios no compraron la propuesta y fue en ese momento cuando se rompió de manera evidente la fluidez en la coalición tripartita, situación que ha dado paso a ocho meses de diálogo y negociaciones fallidas y reproches en una pugna por no perder pie y poder en la pretendida alianza para las elecciones autonómicas.

La coordinadora de EU, Yolanda Díaz, advertía al que fuera su líder en el Parlamento de Galicia en AGE que estaba errado y que «crear un partido con militantes y cargos de otras formaciones ya presentes en el Congreso no garantiza en ningún caso lograr grupo propio».

Podemos se sumó a esa tesis, tanto por consideraciones legales como por su sospecha de que lo que realmente quería Anova era conseguir un mayor estatus para no verse diluida tras el acuerdo entre Iglesias y Garzón y para, sobre todo, evitar que Beiras convirtiese a En Marea en un partido que además de rebajar el peso de la organización de los círculos acabase por reconstruir una oferta marcadamente nacionalista para los comicios autonómicos.

Anova empezó a asegurar no sentirse cómoda en la coalición tripartita y Beiras llegó incluso ya en mayo a aludir a «un risco de ruptura» y a acusar a Yolanda Díaz de «querer sacarme do medio», al apostar la líder de EU por otro perfil al del veterano nacionalista para optar a la Xunta.

«Estamos a fallar todos», dijo a las puertas de las generales el alcalde de Ferrol, Jorge Suárez, mientras el de A Coruña, Xulio Ferreiro pedía a los socios de En Marea «ir máis ala da salsa rosa».

La fractura no se llegó a producir, pero sí la pérdida de un diputado y un senador y ante el retroceso de 66.555 votos, los tres regidores optaron por liderar la construcción de la oferta de la coalición para las autonómicas y determinar tanto el nombre del candidato como la fórmula con la que presentarse ante las urnas.

En paralelo y bajo el riesgo de partirse en dos, Podemos Galicia votó y sus bases optaron por reclamar una En Marea «mejorada democráticamente», pero negando la posibilidad de difuminar sus siglas en las de otro partido, dejando abierta solo la posibilidad de la coalición.

«Non se pode atraer a ninguén onde non quere estar», clamó como contestación el regidor herculino evidenciando la distancia con el partido de Iglesias pese a que en junio le había elegido a él como rostro a exportar al resto de España como su referente municipal en Galicia. Noriega remachó el reproche acusando a Podemos de hacer «vella política» al defender un estatus propio en la posible alianza.

«Cada minuto que se dedique a hablar de los problemas internos y del formato que debe tener la candidatura se está perjudicando al proyecto político», advertía esta misma semana Alberto Garzón para reconocer la existencia de diferencias y de la falta de discurso político ante la sociedad gallega.

Las divergencias y el distinto lenguaje empleado entre Podemos y sus socios explotaron a finales de julio en la constitución de En Marea como partido. La secretaria xeral de Podemos, Carmen Santos, acudió de oyente a la cita, mientras algunos de los suyos se pasaron al otro bando. «Se alguén se move na foto, perde o que se move e o proceso», espetó a los de Iglesias Martiño Noriega, lo que no impidió a Podemos iniciara el proceso para elegir a su candidato a la Xunta y responder así al que En Marea ya tenía por su cuenta preparado.

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