Cuatro generaciones de funcionarios

«Cando entramos, aínda había que traballar con máquinas de escribir e agora estamos todo o día conectados»

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Cuatro generaciones de funcionarios Del recién llegado al prejubilado. Juntamos a 4 funcionarios autonómicos que nos cuentan cómo han sido más de tres décadas de trabajo en el sector público. Galicia cuenta casi con 90.000 empleados en la administración autonómica.

Redacción / La Voz

 La Xunta encara en los próximos meses una profunda renovación. El gobierno autonómico cumple el próximo mes de octubre 35 años en funcionamiento. Ello supone que muchos de los primeros trabajadores de la Xunta se jubilarán en los próximos meses. Y ello coincide además con el fin de la moratoria en la contratación de nuevos empleados públicos impuesta por el ministro de Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, como consecuencia de la gran crisis económica de los últimos años.

Muchos de los que apuran el paso hacia su jubilación repasan estos días algunas de las anécdotas y recuerdan aquellos primeros días, lejos del edificio administrativo de San Caetano. Entonces, en 1981, eran apenas trescientos trabajadores los que cobraron la primera nómina del naciente gobierno autonómico. Hoy, la maquinaria burocrática de la Xunta se engrasa con el esfuerzo de 86.382 personas. Algunos de ellos, cuentan aquí su experiencia en el sector público.

José Antonio González

A punto de prejubilarse. José Antonio González Talaverano (Santander, 55 años) es uno de los que arranca las hojas del calendario descontando días hacia el retiro. Trabajador de la Xunta desde 1984, es ordenanza en Presidencia. Por delante de él han pasado todos los presidentes autonómicos: Gerardo Fernández Albor, Fernando González Laxe, Manuel Fraga, Emilio Pérez Touriño y Alberto Núñez Feijoo. «Entré en la Xunta por casualidad. Vi un anuncio en la prensa que solicitaban camareros y yo tenía la titulación de la Escuela de Hostelería, me presenté y me cogieron. Eran los primeros años de la Xunta y el trabajo era bueno. Luego, mi plaza desapareció de la relación de puestos de trabajo y pasé a ordenanza», cuenta sin perder la sonrisa uno de los trabajadores más conocidos de cuantos ejercen en las tripas de San Caetano.

«Anécdotas en todo este tiempo he vivido muchas, pero recuerdo con especial cariño un día que salió don Manuel (Fraga) de Raxoi y no estaban ni el chófer ni los escoltas. Solo había un coche aparcado, un Arosa. Me preguntó de quién era y le dije mío. 'Pues súbame, por favor', me dijo. Y allí nos fuimos. En San Caetano no nos conocían y me harté a poner las luces y a pitar hasta que nos abrieron, pero Fraga ni se inmutó», relata González Talaverano.

Dolores García Giménez 

En la Xunta desde 1978. Más veterana en la Administración autonómica es Dolores García Giménez (Vilagarcía, 1955), que ocupa plaza de jefa de sección de la Asesoría Xeral Xurídica de la Xunta, dependiente de la Consellería de Presidencia. Entró en la Xunta en 1978, en el entre preautonómico, constituido el 18 de abril de aquel año. «Entrei en decembro de aquel ano, na Secretaría Xeral, con José Rivas Fontán, que logo foi alcalde de Pontevedra», explica. «Era un momento historicamente importante. Os políticos, daquela, eran xente de mente aberta que crían firmemente no que estaban a facer, a creación da autonomía galega e dou fe que se pelexou moito por un obxectivo que hoxe parece sinxelo, pero que entón era moito más complexo, como foi a redacción do Estatuto e a consecución da denominación como comunidade histórica con todos os dereitos», indica sobre su entrada en la Administración gallega.

García Giménez empezó en Raxoi su carrera como funcionaria. «Éramos como unha familia grande, na que as relacións eran moi próximas. Non seríamos máis de cincuenta e aínda funcionabamos con máquinas de escribir. Non como hoxe, que estamos todo o día conectados», añade.

Pablo Leis Mol 

Una de las caras nuevas. En el otro lado de la balanza se sitúa uno de los más noveles en la administración autonómica. Pablo Leis Mol, jefe de auditoría del Feder es un coruñés de 31 años que forma parte de la última hornada de funcionarios que ha entrado a cuentagotas en la maquinaria administrativa de la Xunta. Funcionario desde el 2015, este licenciado en Derecho, empezó a preparar las oposiciones en el 2009. «Estoy en una nube. Trabajar para una institución como esta es mucho mejor de lo que pensaba mientras preparaba las oposiciones, porque te permite desarrollar todos los conocimientos adquiridos y aprender muchas otras cuestiones en un departamento que además tiene una incidencia real en la vida de las personas», explica mientras atiende a las anécdotas de los compañeros con los que coincide para la foto. La estabilidad es uno de los elementos que más valora. «Sinceramente, me encuentro muy contento. Me gusta mi trabajo», apunta Pablo Leis.

Silvino Penido López 

Portero mayor y sindicalista. El entusiasmo de Leis es el mismo que recuerda Silvino Penido López (Santiago, 48 años) de sus primeros años en nómina de la Xunta. Ocupa plaza de portero mayor, el equivalente a un jefe de subalternos, y es liberado sindical del CSI-F desde hace 17 años. Acumula 30 años de experiencia en la administración autonómica. Fue el funcionario más joven cuando entró en la Xunta. Tenía 18 años. «Es que acabé la mili, que fui a hacerla voluntario cuando tenía 16 años y me apunté al paro. Salieron ocho plazas de personal interino en la Xunta. Tuve la suerte de entrar como contratado temporal y poco a poco he visto crecer la Xunta. En 1986, éramos unos pocos cientos. Hoy, solo en Santiago, hay más de dos mil funcionarios y 800 más como personal laboral», resume.

Sobre las dificultades para acceder a la función pública, Silvino Penido reconoce que los procesos han cambiado mucho. «Ahora es muy complicado conseguir una plaza, pero nunca fue fácil. La primera vez que me presenté a unas oposiciones, en 1990, había más de siete mil aspirantes para 70 plazas de personal laboral. Y en el 2003, que fue cuando se regularizó la situación de la mayoría de los trabajadores de la Xunta, en mi categoría se presentaron más de 36.000 aspirantes para 643 plazas», recuerda.

¿Y han cambiado mucho las relaciones en la Xunta? Silvino admite que sí. «La gente más veterana, la que empezó aquí en 1981 ya se ha ido jubilando y antes había una relación más cercana. Ahora, podíamos decir que cada uno mira más lo suyo y cada departamento es un mundo».

¿Y cómo es la relación con los políticos? «Aquí hay gente de todos los colores políticos. Claro que siempre se acaban haciendo amistades. Coinciden todos en que son muy tímidos al principio y hacen las cosas con mucho miedo, pero luego todos acaban siendo más o menos iguales».

Manuel Mallo

De Carballo a Santiago. También veterano en San Caetano es Manuel Mallo (Serra de Outes, 52 años). Acumula 30 años de experiencia y sonríe cuando oye decir que a los funcionarios les ha tocado la lotería con una plaza propia en tiempos de tanta volatilidad laboral. «O que pense que isto é un chollazo, está moi enganado. Aquí trabállase moito», argumenta. Mallo empezó su carrera en Carballo y al año consiguió el traslado a Santiago. «Saquei a praza na oposición despois de pagar mil pesetas na Caixa Postal», explica. Desde entonces, trabaja como administrativo. Está adscrito a la Consellería de Política Social. «Vemos pasar a moita xente, pero é raro que nos poñamos nerviosos. Cando hai cambios, algúns mudan hasta as portas, pero logo as relacións entre os políticos, os eventuais e os funcionarios acaban sendo moi normais». Si le tuviera que poner una pega a su trabajo, esa sería el de la vejez de las instalaciones. «Aquí cando fai calor, aperta de verdade. E a min aféctame abondo», dice sin perder la sonrisa ni un segundo.

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