Los apuros de En Marea

Carlos Punzón
C. Punzón VIGO / LA VOZ

GALICIA

PIERRE-PHILIPPE MARCOU | AFP

Recelos internos, crisis en los partidos socios y ausencia de un perfil definido lastran el arranque de la coalición

27 feb 2016 . Actualizado a las 21:14 h.

La última comparecencia de los diputados de En Marea en el Congreso resumió en un detalle los apuros que la coalición tripartita está viviendo para conseguir construir un perfil político reconocible y cohesionar sus diferentes y dispares raíces ideológicas. Ante las cámaras de televisión el diputado Miguel Anxo Fernán Vello toco el brazo de su compañera de Anova y portavoz de En Marea, Alexandra Fernández, instándole a acercarse de nuevo al atril en el que, por su gesto, debió considerar que su compañera de coalición pero perteneciente a Esquerda Unida, Yolanda Díaz, llevaba más tiempo hablando en nombre de todos que a quien le toca ejercer en el primer turno rotatorio la representación pública de todos ellos. Marcaje estrecho, es la definición con la que podría titularse la relación entre los componentes de las tres patas de la coalición, vigilancia que incluso Anova se ha atrevido a hacer pública clamando contra el «bloqueo» al que aseguran están sometiendo sus socios el desarrollo político de una fórmula que logró un éxito en las urnas que aún no se ha equiparado en la acción política.

El detalle de Fernán Vello reivindicando la cuota de su partido ante las cámaras fue comentado en las últimas horas, en especial entre las filas nacionalistas de la coalición, sensibles y críticas con la imagen que entienden se está proyectando en exceso de En Marea como apéndice de Podemos. Pero otras circunstancias han tenido a Anova como objeto de examen crítico por parte de sus socios, aludiendo sobre todo a la inexperiencia de sus representantes o los fallos comunicativos que hicieron que, tras la primera cita con el rey, la coalición semejase abrir casi de par en par la puerta de La Moncloa al socialista Pedro Sánchez, sin siquiera haberle pedido nada a cambio.

Frustración

Gran parte de los apuros que En Marea ha pasado desde su llegada a Madrid los arrastra desde la constitución de las Cortes por la frustración que les generó haber logrado seis escaños en la cámara baja y a pesar de ello quedar subsumida dentro de un mar mayor, el de Podemos, al no haber pasado los filtros interpretables por la Mesa del Congreso para contar con grupo propio.

Ese revés lo han tardado en asumir por intentar minimizar o reinterpretar una realidad que les impidió ser considerados como grupo parlamentario, y que hizo además que en su entorno se susciten suspicacias de todo tipo, como las aventadas desde EU Arousa y parte de la cúpula de IU pidiendo que se expedientase a Díaz por no sumar fuerzas con los escaños de Alberto Garzón y los de su formación en la confluencia catalana para tratar de conseguir un grupo que económicamente salvaría de la quiebra a Izquierda Unida.

Pero también desde Podemos en Galicia se ha puesto en cuestión la «sobrerrepresentación» que no pocos de sus miembros, con Breogán Rioboo a la cabeza, consideraron que acabó teniendo el nacionalismo en una fórmula en la que ellos reivindican el éxito de la marca del círculo como imán de votantes en los comicios pasados. La apreciación le ha acabado por costar el puesto a Rioboo, pero su exigencia de debate ha abierto una brecha por la que van asomando círculos, cargos e inscritos que exigen para la siguiente ocasión tener un papel participativo más activo que en el nacimiento de la coalición tripartita, en la que solo asistieron como público.

Fallos de estrategia

Internamente en En Marea se reconocen fallos y carencias de estrategia comunicativa, con asesores de los diputados en algunos casos fichados más por afinidades de partido que por sus especialidades profesionales o temáticas. Pero pese a todas las dificultades, apuros y bloqueos internos, como los denunciados por Anova la semana pasada, los cuadros de En Marea están persuadidos de que todo debe de ser superado para poder llegar a las autonómicas como fórmula electoral, en la que la participación más decidida de las conocidas como mareas municipales -reflejo partidario en muchos casos de la misma coalición- será publicitada como la pátina de participación ciudadana que los pactos entre cúpulas ahogaron en el alumbramiento de la oferta para las generales.