Un año para echarse a temblar

La intensa sequía hace prever a los trabajadores antincendios un verano especialmente complicado: «El calor lleva ya un mes de adelanto»


Carral / La Voz

Son las cuatro de la tarde y estamos en Carral, donde nos hemos citado con una de las patrullas de extinción de incendios de la Xunta. Entramos con ellos al servicio en un día en el que el calor se puede cortar. El círculo explosivo está a punto de cerrarse. La regla del 30 marca el riesgo máximo: 30 grados o más de temperatura; 30 % de humedad o menos y un viento a una velocidad superior a los 30 kilómetros por hora. Solo nos falta el viento. Esperemos que no venga.

En el local que el Concello de Carral habilitó para la brigada, montan guardia. Nuestro anfitrión es José Antonio Aparicio, el jefe y en activo desde el inolvidable (por desastroso) curso del 89. Sabe pues de lo que habla. Ha visto pasar años tranquilos y otros frenéticos: «Este viene caliente. En lo que llevamos de verano hemos salido más que en todo el año anterior». Aparicio está quejoso. Afirma que queda todavía mucho personal sin contratar, que no les han dado ropa nueva, que las comunicaciones están peor que nunca... La charla es muy poco tranquilizadora aunque queda zanjada por el teléfono: «Nos avisan de una alerta en A Laracha, ¿Queréis venir?».

Humo blanco

El viaje nos lleva una media hora. No es el más largo que puede hacer este grupo para enfrentarse al fuego. Su distrito va de Vilasantar a Laxe, pero, como recuerdan en la consellería de Medio Rural, «El dispositivo antincendios es global. Vale para toda Galicia». En Laracha nos recibe un humo blanco que localizamos con rapidez. Unas llamas se desplazan por un prado camino de una arboleda donde manda el eucalipto. Un matrimonio intenta controlar la situación con una manguera de jardín. La mujer está pálida: «Son restos de la hoguera de San Juan. No quedó bien apagada y hace días que arde un fuego subterráneo». Con viento, estos dos vecinos no hubieran podido evitar que el fuego se metiera en la arboleda. Afortunadamente, con dos cargas de una motobomba, las llamas quedan extinguidas y aseguradas.

Alejandro Rodríguez, un agente forestal desplazado a la ardiente pradera, se agacha y arranca una brizna de hierba: «¿Lo ve? El calor lleva ya un mes de adelanto. Es como si estuviéramos a mitad de agosto. Está todo tan seco, que el agua no penetra». Se refiere a la sequía, que tiene inquieto a todo el personal que lucha contra el fuego. Eso y lo que consideran como un retraso en la incorporación de todos los recursos de lucha contra el fuego.

Mientras los miembros de la brigada acaban de asegurar la zona, dos agentes de la policía autonómica se acercan para registrar el siniestro, que finalmente se ha quedado en un sustillo. «Podían ser todos así», dice Aparicio, aunque sabe que esta campaña no va a tener tanta suerte. De momento, el día más caluroso en lo que llevamos de verano se ha saldado sin graves problemas. Crucemos los dedos.

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