Caamaño se va por la puerta de atrás

Derrotado en el PSdeG, renuncia al escaño del Parlamento gallego para regresar de docente a Valencia. Pero de la política se resiste a decir «desta auga non beberei»


santiago / la voz

No deja la política ni rompe el carné del PSOE, partido al que arribó de forma tardía, pero sí que abandona la primera línea del frente meses después de que le arrancaran de forma traumática sus galones. Francisco Caamaño, bajista de rock, pescador de fanecas y padre de dos hijas mucho antes que ministro de Justicia, anunció ayer su inminente renuncia al escaño que ocupa en el Parlamento de Galicia para poder incorporarse el próximo curso como docente a la Universidad de Valencia, donde es catedrático de Derecho Constitucional. «Gaña a universidade», valoró ayer Pedro Puy, portavoz del PP y adversario, sobre la persona que más llegó a cotizar en la bolsa del valores del socialismo gallego, visto por algunos como la opción de más peso para dar la batalla de la Xunta. No obstante, la trayectoria de Caamaño es muy desigual y no faltan los tropiezos. Algunos ligados a la inexperiencia de quien entró en política por la chimenea y se marcha por la puerta trasera.

La salida de Caamaño, que será sustituido por Emilio Vázquez, la daban ya por descontado en su grupo parlamentario, especialmente desde su destitución como secretario general de los socialistas en la provincia de A Coruña el pasado noviembre, tras perder el apoyo de las bases. El propio Besteiro le había pedido poco antes la dimisión, en una reunión de la ejecutiva gallega, con el fin de conformar un nuevo equipo en el PSdeG coruñés. El exministro de Justicia se hizo el remolón, pero finalmente, enfrentado con la dirección gallega y sin sintonía con la federal, accedió a dar el relevo.

Quizás en Valencia pueda abrirse una nueva etapa, especialmente si el PSOE de Ximo Puig logra tomar las riendas del Gobierno de la Generalitat tras el 24-M, como dejan entrever algunas encuestas. Pero esa será otra historia. De momento, Caamaño aclaró ayer que se va sin decir «desta auga non beberei».

La llegada a la política

En la carrera de Francisco Caamaño Domínguez (Cee, 1963) no había en principio un hueco para la política. Casi tampoco para las leyes, pese a que su padre era abogado, pues en alguna ocasión confesó que quería ser periodista y que acabó estudiando Derecho por accidente en Santiago para compartir piso con sus amigos de siempre.

Pero la carrera le cayó bien y progresó rápidamente. Doctor, profesor, letrado del Tribunal Constitucional y, desde el 2002, catedrático de Derecho Constitucional en Valencia. Es allí donde lo contactó la que sería número dos con Zapatero, la también valenciana Fernández de la Vega, para ofrecerle la secretaría de Relaciones con las Cortes. Así entró Caamaño en la cocina de la alta política de Estado y en las truculentas negociaciones del Estatuto de Cataluña, donde se dice que fue el artífice de la fórmula que reconoce a Cataluña como nación en el preámbulo del texto.

Desde ahí, no dejó de escalar. Se convirtió en ministro de Justicia por accidente, debido a que Fernández Bermejo tuvo que dejar el puesto por participar sin licencia en una cacería junto al juez Garzón cuando este investigaba al PP por la Gürtel. Cuando Caamaño llegó al ministerio, en el 2009, todavía no era militante del PSOE, aunque Fernández Moreda no tardó mucho más en afiliarlo para poder incorporarlo al año siguiente de presidente de la primera dirección provincial del partido en A Coruña.

Esa entrada por la chimenea en el socialismo galaico no se le ha dado del todo bien. El PSOE es también partido que hay que pararse a entenderlo. Y Caamaño ni tiempo tuvo a eso, pues fue sacudirse los hollines del fogón en la nueva organización y ya le canturrearon al oído el prodigioso destino que podía tener en Galicia, algo que no tardó en poner a algunos de sus valedores, José Blanco, primero, y Pachi Vázquez, después, en guardia.

Pero poco a poco el exministro que cotizaba al alza y deslumbraba hasta a los nacionalistas, tras participar en manifestaciones por la defensa del gallego, se fue desplomando progresivamente como una firma punto.com del cambio de milenio. Del todo a la nada. La burbuja Caamaño no tardó en pincharse.

El indulto a Sáez

Ocurrieron, en primer lugar, algunas decisiones que lo único que hicieron fue carbonizar al PSOE. Sería injusto cargar en la mochila del Notario Mayor del Reino, título que se le reserva al ministro de Justicia que además es constitucionalista, la reforma exprés de la Constitución, de la que participó todo el PP y el PSOE. Pero en más de una ocasión el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, sí lo responsabilizó del indulto al banquero Alfredo Sáez, decisión que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, dijo que fue la peor de toda la etapa de Zapatero en el Gobierno.

En la política gallega, a Caamaño lo perdieron los bandazos. El no cumplir la palabra o cambiar lo pactado le granjeó enemistades. A nivel federal, apostó por Carme Chacón cuando se impuso Rubalcaba, al que Caamaño intentó desahuciar de Ferraz cuando le dijo, dos años antes de que se fuera, que el partido no necesitaba un paracaídas para ralentizar el desplome, sino unas alas.

Con alas o sin ellas volará el ministro a tierras valencianas. «Aquí non hai portas xiratorias», se apresuró a decir de modo certero. En su grupo, elogian su preparación y su valía. Pero no hay constancia de que lo retuvieran.

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