Crónica de un viaje interminable

Noelia Silvosa
noelia silvosa FERROL / LA VOZ

GALICIA

CÉSAR TOIMIL

Un trayecto de noventa minutos frente a los setenta del AVE Vigo-A Coruña

06 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El trayecto en tren entre Ferrol y A Coruña es -por no derramar más sal en la herida- un viaje para nostálgicos. Un regreso a tiempos pretéritos en los que no existía otra forma de hacerlo. Porque a día de hoy, cualquier alternativa es inmensamente más rápida y con más frecuencias. El primer sopapo se lo lleva uno en el propio andén. Desierto.

El tren de media distancia espera, listo para arrancar, cuando tan solo quedan cinco minutos para su salida. Es entonces cuando la mirada se dirige de nuevo al billete y al letrero que, aunque parezca mentira, sigue indicando que el trayecto Ferrol-A Coruña está a punto de partir. «¿Estarán todos dentro?», se pregunta cualquiera sin experiencia en estas lides pensando que en plena víspera de Jueves Santo sería más probable encontrar pasajeros. Pero no. Tras recorrer tres vagones, el que más usuarios lleva es uno que transporta a cuatro. A las siete y cuarto de la tarde, tal y como estaba previsto, comienza el viaje. Es innegable que el paisaje y el sol acompañan, al igual que la comodidad que aporta el mero hecho de no tocar con las rodillas el asiento de delante. Y casi sin darse cuenta, aparece el revisor. Comprueba los billetes instantáneamente, pero cuando llega a los electrónicos, la cosa se complica. «A ver si esto lee o no lee, que nos los acaban de poner», apunta. Se refiere a las tabletas nuevas, con las que revisa los billetes electrónicos.

Sin enchufes

Más le vale que el artilugio tenga batería, porque cargarlo es misión imposible. Así lo comprueba una de las pasajeras, María José, que se queja por la ausencia de enchufes. «Si quieres cargar el móvil o la tableta, no puedes», indica esta usuaria habitual de Renfe, que añade que «el Avant a Ourense sí que los tiene». En el polo opuesto se encuentra David, un viajero absolutamente accidental. «Vengo con frecuencia porque mi novia vive aquí, pero nunca cojo el tren», señala. Sin embargo, este jueves no le quedó otra que recurrir a Renfe. «Hoy se me averió el coche, por eso lo cogí», asegura. A la pregunta de si lo utilizaría más en el caso de que fuese más rápido, responde que «quizás sí».

Adrián, un estudiante que se traslada con frecuencia a Ferrol para visitar a sus amigos, es un gran defensor del tren. Sin embargo, confiesa que le cuesta defender lo indefendible. Dice que en cuatro años que lleva de carrera, tan solo pudo utilizarlo una vez para ir a clase. Por eso solo puede disfrutar de él cuando no tiene prisa. «Esto no funciona porque es imposible. Está mal cuidado y tiene una única vía que provoca retrasos. Como hay menos gente, suprimen frecuencias. Pero, ¿cómo va a funcionar si no hacen que la oferta sea competitiva? Es como una excusa para querer cerrarlo», sentencia.

Esperando por el Alvia

Tras una única parada en Pontedeume, el revisor -que reconoce que muy poca gente emplea esta línea- avisa: «Vamos a tener que esperar diez minutos en Betanzos porque el Alvia procedente de Madrid llega con retraso». Poco después, los pasajeros del Alvia nutren los vagones. Parece que le van a dar vida al final del trayecto, pero llegan con cara de pocos amigos. Nadie puede reprochárselo. No solo tienen que cambiar de tren, sino que lo hacen a uno de media distancia. Por fin, los vagones se detienen en la estación de A Coruña hora y media después. Son las nueve menos cuarto y los pasajeros podrían reclamar por los quince minutos de retraso, pero nadie habla de ello. Como para perder otra media hora en atención al cliente.