«Coa explosión marchei polo aire»

Marcos Gago Otero
Marcos Gago PONTE CALDELAS / LA VOZ

GALICIA

Capotillo

Juan Alén y Luciano Amoedo, los músicos del accidente de Ponte Caldelas que siguen en el hospital de Pontevedra, se recuperan de sus heridas

15 jul 2014 . Actualizado a las 14:08 h.

Fue visto y no visto. La explosión de los fuegos artificiales de la procesión de san Cristóbal de A Lama, que ocurrió el pasado sábado en el municipio pontevedrés de Ponte Caldelas, fue cosa de segundos, pero sus protagonistas todavía la tienen fresca en la memoria. En ese accidente hubo cinco heridos, de los que dos ya han sido dados de alta, otros dos se recuperan de sus heridas en el Hospital Montecelo, en Pontevedra, y otro más, el más grave, está en la unidad de quemados del Hospital Universitario de A Coruña.

Juan Alén Castro, de 23 años, y Luciano Amoedo Amoedo, de 49, son los dos pacientes que siguen internados en Montecelo. Su estado de ánimo es bueno, pero sus heridas les impedirán regresar a casa todavía un tiempo, sobre todo al más joven, que aún no puede andar. Ambos narran lo ocurrido con una mezcla de humor y resignación.

Luciano Amoedo estaba tocando el bombo en el camión abierto que acompañaba la procesión y desde donde se lanzaban los fuegos de palenque. «Botaron o fogo e no momento mirei para abaixo e vin que plantara fogo e o único que se me ocorreu foi dicir: ¡coidado, coidado!». No le dio tiempo a salir. Él estaba cerca de la parte de atrás del coche y la onda expansiva lo tiró al suelo. «Cerrei os ollos e sentín un forte golpe na perna, cando abrín os ollos, estaba tirado e sentía a xente moverse dun lado para outro». Como la puerta trasera había volado, se tiró al suelo y esperó a que lo atendiesen.

Este músico tiene quemaduras en las dos piernas, un poco en la mano y un golpe en la cara. Los tímpanos también resultaron dañados y todavía no ha recuperado la totalidad del oído, aunque es capaz de mantener una conversación. En su habitación del hospital, reflexiona sobre lo que pasó: «Dentro do que cabe non foi nada, debía haber 30 ou 40 bombas dentro e a explosión foi importante, porque houbo coches que romperon os parabrisas e aínda que non o vin, dixéronme que incluso se romperon os cristais dos chalés que estaban preto».

Este vecino de Taboadelo está satisfecho de que la cosa no fuese peor, al menos dentro de la tragedia que podría haber ocurrido. «A familia é normal que se preocupase, pero agora, cando xa pasou o susto, tomeino con humor, vamos que non era tanto como puido ser», señala este vecino de Taboadelo, que espera regresar a casa esta semana.

A dos habitaciones de Amoedo, se encuentra Juan Alén, que tocaba la caixa en el grupo de pasacalles que amenizaba la fatídica procesión automovilística. Tumbado en la cama, con las piernas vendadas y sin poder levantarse, este joven asume también lo ocurrido con humor, y eso que dentro del coche estaba en un lugar realmente peligroso.

«Recordo os gritos de Luciano dicindo coidado, coidado, e entón ocorreu a explosión», apunta. Había pocos sitios peores para afrontar el suceso. «Eu estaba xusto ao lado e marchei polo aire, e pasei para fora do camión». Alén creyó al principio, con el susto, que había resultado muy mal herido. «Sentía os berros dos compañeiros e cando caín do camión para abaixo, pensei que perdera as pernas, pero cando mirei para elas vin que aínda tiña as miñas pernas», detalla. Quizás por verse entero, recobró el ánimo y comenta que en la ambulancia todavía tuvo valor para bromear con los médicos y sanitarios.

El tercer herido que sigue ingresado, el presidente de la comisión, está internado en A Coruña con pronóstico grave. Por su parte, la Guardia Civil ha abierto una investigación para verificar si la procesión de san Cristóbal cumplió con la normativa y clarificar los hechos acontecidos.