Jaque al oro más escurridizo

maría cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

OSCAR CELA

Las tiendas deben fotocopiar cada pieza y aportar el DNI del vendedor, pero el control de este comercio no es fácil por la escasa informatización

01 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El control del comercio del oro no resulta fácil. La proliferación de locales de compra de ese metal, acelerada por la alta cotización que comenzó a dispararse a partir del 2010 y por el desembarco en Galicia de una crisis que obligó a muchos particulares a deshacerse de las joyas de la familia o piezas desparejadas, ha multiplicado el trabajo de los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional. Su labor es llevar un control de los movimientos que se realizan en dichos establecimientos, además de comprobar que el material que llega hasta allí tiene una procedencia legal y no es el botín de un robo.

Y es que el aumento de esas tiendas -que ahora empiezan a ser sustituidas por establecimientos de todo tipo de objetos de segunda mano- supuso la apertura de una supuesta nueva vía para el blanqueo de piezas sustraídas. «Un presunto ladrón puede hacerse con una joya en Padrón e ir a una tienda en medio de Ourense. O hay una sospecha de que un objeto sustraído pueda haber acabado allí o es muy complicado hallar la pista», explican fuentes dedicadas a investigar ese tipo de delitos.

Mucho cuidado

Para comercializar oro en uno de estos locales únicamente es preciso que el interesado muestre su DNI. Con ese documento acredita que el objeto que lleva a la tienda le pertenece. Al aceptarlo, el dueño o propietario del establecimiento actúa de buena fe, ya que no tiene por qué saber de dónde proceden esos objetos. «Cuando vemos algo medianamente sospechoso ya no compramos porque no puedes hacerlo», explican desde un establecimiento de A Coruña que lleva tres décadas dedicado al negocio del oro.

Cada pieza debe ser fotocopiada junto a su descripción (hay que incluir cualquier inscripción o pequeña marca que tenga) y al DNI de la persona que la ha llevado a la tienda. Todos esos documentos tienen que ser entregados a la Policía Nacional, cuando el local está en una ciudad, y a la Guardia Civil, en caso de que este se encuentre en territorio de actuación de dicho cuerpo cada semana. Además, el propietario tiene que tener cada pieza en custodia durante quince días. Pasado ese plazo puede enviarla a fundir. Normalmente estas joyas van a factorías de fuera de Galicia. Incluso mucho de ese oro tiene como destino Austria.

Este control, explican fuentes dedicadas a dicha labor, se hace de forma totalmente manual, lo que complica la localización de presuntas piezas robadas. Fuentes consultadas apuntan en este sentido que la aplicación de un programa informático que directamente pasara los datos registrados a la Guardia Civil y a la Policía Nacional facilitaría mucho la labor a la hora de localizar objetos sustraídos.

Porque uno de los grandes problemas a la hora de localizar joyas robadas es que en la mayor parte de los casos los propietarios no tienen una foto y los agentes han de fiarse por la descripción verbal que hacen los dueños cuando se realiza la denuncia. «Puede haber desaparecido una cruz de oro, pero únicamente con eso es complicado conocer cuál es. Además, en una fotocopia tampoco puede verse con detalle cómo es. Lo mejor sería que hubiera que hacer una foto», dicen.

Al mismo tiempo, al no estar informatizado el método de control, el proceso para localizar es mucho más lento. Y hacen una recomendación: fotografiar todos los objetos de valor que se tienen en el hogar. Con todo, la caída del precio del oro -la cotización de la onza (28,3 gramos) que llegó a estar a una media de 1.668,98 dólares cayó el año pasado hasta los 1.411,23- ha parado en seco la proliferación de tiendas de compra de oro. Ahora las que empiezan a darles el relevo son las tiendas de objetos usados. En estas el tipo de control que se ejerce es prácticamente igual.

Cada semana, Guardia Civil y policía reciben la descripción de cada objeto