La venta ilegal de objetos rescatados de contenedores se instala en Galicia
19 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.El «fenómeno Balon» comienza a incrustarse en Galicia. Entre los puestos de segunda mano y antigüedades de ese popular mercado turinés -un lugar donde se mezclan emigrantes de diferentes países del este de Europa y del norte de África- hay decenas de improvisados puestos ubicados sobre una sábana donde pueden hallarse desde cargadores de móvil de modelos que ya no se fabrican hasta relojes o zapatos con la piel raída y las suelas gastadas.
En Galicia el fenómeno no ha alcanzado el volumen de Balon, pero hay mercadillos como el de A Sardiñeira, en A Coruña, que empiezan a experimentar ese cambio. Vendedores ambulantes -sobre todo gitanos rumanos- que no pagan el impuesto correspondiente para ejercer dicha actividad extienden mantas donde ofrecen los más dispares objetos procedentes, en su mayoría, de la basura. «Es un fenómeno nuevo -explican fuentes de la Policía Local de A Coruña-, hay cosas que recogen de los contenedores, pero también ponen letreros en las comunidades de vecinos avisando de que tal día pasan a recoger cosas usadas».
La práctica va asociada a otra, también emergente, que es la búsqueda de material susceptible de entrar en ese particular círculo mercantil. Y el objetivo son los contenedores de basura.
De hecho, no es complicado ver cada día a personas revolviendo entre las bolsas de basura, a la caza de algún objeto que pueda valerles para ese fin. La semana pasada, por ejemplo, a plena luz del día una mujer subida a uno de los anclajes metálicos que sujetan uno de los contenedores de la coruñesa Rúa Nueva revolvía entre las bolsas a la búsqueda de material. Justo en ese momento, unos compatriotas pasaron a su lado con carros de la compra, farfullaron algo y continuaron la marcha.
«Todas las noches es fácil ver a gente rebuscar en la basura. Normalmente los agentes que están patrullando los avisan de que no puede manipularse y no los multan porque suelen ser insolventes, pero solo cuando son reincidentes acaban poniéndoles una multa», explican desde la Policía Local coruñesa. Solo el año pasado cursaron una decena de denuncias, mientras que en lo que va del 2014 ya han puesto tres. Porque la ordenanza municipal establece que está prohibido manipular los residuos o dejarlos fuera de los contenedores.
Estos fenómenos también han ido cambiando el ambiente del mercadillo. Los ambulantes legales que enseñan el documento del Ayuntamiento que les da luz verde para ejercer la actividad se quejan de competencia desleal. Además todas las semanas los agentes realizan un elevado volumen de decomisos. De hecho, los agentes solicitaron que cada martes los acompañara un camión de Cespa, la empresa encargada de la recogida de basuras en la ciudad, para hacerse cargo de todo lo incautado. Ayer lo hicieron por primera vez porque antes lo que hacían era llamarlos cuando tenían una cantidad para recoger .
A las once de la mañana, el camión ya estaba medio lleno. «Mira xa o que aí hai», comentaba un trabajador del servicio, al tiempo que abría la portezuela trasera del camión. Envueltos en fardos de tela había desde discos a botes de espuma, juguetes, ropa de segunda mano, cables, diferentes aparatos eléctricos... «Buscan na basura e despois aínda nos complican o traballo porque deixan todo estrado por fóra», comentan.
Justo en el momento en el que mostraban el material acumulado, una pareja de agentes aparece para comentarles que tienen más fardos aguardándoles en el otro extremo de la explanada por la que se extiende el mercado.
Juego del gato y del ratón
Durante toda la mañana, el mercado de A Sardiñeira se convierte en un campo donde jugar al gato y al ratón. Los ambulantes que no son legales pasean vigilantes, fardo en mano, por la explanada al tiempo que algunos compañeros vigilan que no aparezcan los agentes. Hasta los potenciales clientes aguardan a que vuelvan a extender las mantas o las sábanas.
Lo curioso es que, igual que ocurre en Balon, aunque la mayor parte de ese género procede de la basura, parece que a muchos no les resulta importante. Jubilados, mujeres de mediana edad... varios son los que buscan y rebuscan entre el material expuesto sobre las sábanas o las mantas. «¿Viñéstedes algunha vez aquí á unha e media? Pois hai uns cantos rebuscando entre as bolsas que deixan os dos postos», dice un trabajador de Cespa. Y un agente añade que lo curioso es que también se ve a personas del barrio.