Otro cable mortal en Oia

El agente forestal de la zona descubre y corta un cable de acero de 5 metros de largo que cruzaba un sendero a una altura de 1,30 metros


Oia / La Voz

El agente forestal de zona Antonio Pimentel cortó ayer personalmente una de las trampas de acero sobre cuya insólita aparición en montes de las comarcas de O Baixo Miño y O Val Miñor alertaron ciclistas y motoristas. El experto confirmaba el lunes que había recibido varias denuncias sobre este tipo de hallazgos en senderos y caminos, a algo más de un metro de altura y con obvias consecuencias fatales para cualquier persona. La Voz acompañó ayer al agente en un recorrido de inspección para ver si aún quedaban trampas y, tras media hora de ruta, se toparon de frente con lo que menos hubieran querido. En una camino que baja del barrio de A Portela hacia Oia, Antonio Pimentel localizó y cortó el cable de unos cinco metros de largo que cruzaba el sendero a una altura de 1,30 metros.

La trampa, ubicada tras una curva cerrada en una gran pendiente donde eran visibles las rodaduras recientes de alguna moto, tenía una parte de cuerda y otra de acero con pinchos. «Para un ciclista que bajara a 70 kilómetros por hora la trampa sería mortal», confirmaba indignado el agente. Pimentel insiste en que «es absolutamente ilegal cortar el paso de una pista forestal si no se han obtenido los preceptivos permisos de la comunidad de montes propietaria y de la administración forestal competente para ejecutar un proyecto; bien con una puerta de paso o con un paso canadiense».

El agente avanza que, de antemano, y a espera de lo que diga el Seprona, al que ya se le ha notificado la situación, «mantenemos abierta la investigación para intentar dar con la persona que está colocando estos cables y conocer con qué intención corta el paso». Pimentel presupone que el autor debe haber colocado las cuerdas «por imprudencia; sin darse cuenta de que pueden ser mortales para ciclistas, motoristas o caballos». Todo parece indicar que detrás de esta práctica, ilegal como cualquier otra que no sea con los preceptivos permisos, hay alguien que quiere cortar el paso a los animales y obra por imprudencia. Su objetivo no sería provocar otros daños. Esta hipótesis es la que maneja el agente y por ello cree que, en cuanto se den cuenta del gravísimo riesgo que representan estas trampas, «el mismo que las puso las quitará, si no las ha retirado ya todas». Por esta zona de Oia «pasan los fines de semana hasta 200 personas por aquí; familias enteras». La prioridad es evitar que se produzca algún accidente. La hipótesis de la «inconsciencia» se apoya en que, al menos en el cable recogido ayer, había parte de una cuerda amarilla. «Si se hubiera puesto con intención de hacer daño físico se dejaría solo el cable que no se ve; aunque la cuerda también sea ilegal y peligrosa», añade.

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