El asesinato de Asunta Basterra y su presencia mediática constante ha provocado mucha conmoción y la escalofriante sensación que lo monstruoso puede irrumpir en nuestras vidas de modo instantáneo e incomprensible. La inquietud por comprender las motivaciones de una atrocidad es visible en las reacciones adultas al caso, pero poco se ha hablado del impacto que el goteo diario de información puede tener sobre los niños. La reacción de un niño inteligente cuya madre indagaba para conocer sus ideas sobre el caso, y los sentimientos que la noticia le despertaba, ilustra el intento de dar sentido a lo ocurrido con las capacidades limitadas propias de cada edad. Al tanto de la sospecha que se formulaba sobre los padres, el niño le manifestó a su madre que ahora les tenía un poco de miedo a ellos. Muchos padres han vivido la confusión de no saber cuál sería la mejor manera de abordar este asunto, cuanta información proporcionar, y con qué palabras explicar aquello que ni ellos mismos comprenden.
Los niños buscan la manera de dar sentido a aquello que ocurre. Es iluso pensar que podemos aislarlos de la información, apartándoles los periódicos o cambiando el canal de televisión. Acabarán recibiendo datos parciales a través de sus compañeros o redes sociales, y les darán un sentido impregnado de sus creencias infantiles, conocimiento limitado del mundo y las emociones confusas frente a una realidad que trastoca nuestro sentido básico de confianza y seguridad en familia. Explicar lo que está pasando en palabras adecuadas para cada edad, hablar sobre las sospechas que circulan y dejar espacio para comentar sus reacciones frente a lo ocurrido es lo adecuado si queremos prevenir sentimientos de angustia o una comprensión errónea. Estar dispuestos a declarar nuestra propia falta de comprensión y dejar al descubierto nuestras dudas de manera sosegada es clave en enseñarles a los niños que la realidad se puede abordar con sensibilidad y valentía.