El gatopardismo

GALICIA

Esa importante parte de la oposición que se llama PSdeG cuenta con su propia oposición interna. Y, aunque en principio podría considerarse una buena nueva, un síntoma de florecimiento de la democracia, en realidad se trata del alga que surge de las aguas estancadas. Es, a la vez, oposición e indisposición. Demostrado quedó en las pasadas elecciones autonómicas. El de Feijoo es uno de los pocos Gobiernos del mundo que ha reforzado su mayoría absoluta en plena crisis. Y en el mérito de su excepción está el demérito de sus rivales. AGE supo encauzar el descontento, se convirtió en el voto del castigo generalizado, su papeleta era el abucheo a todos los demás, lograba unir cóleras mientras que otros disimulaban en sus actos electorales grandes tempestades. Pero el tiempo dice que es una lección no aprendida. Porque los que manejan los hilos del socialismo gallego han logrado articular una versión casera del gatopardismo. El caucus que algunos bautizan como primarias no es precisamente aquello de «un hombre, un voto». Parece un nuevo intento de cambiarlo todo para que todo siga igual. La supervivencia política presentada como un soplo de aire fresco. Muy alejada de la supervivencia del ciudadano, eso que se ha puesto tan cuesta arriba en los últimos tiempos. Diferentes trincheras. Una bajo el paraguas del partido y de los cargos. Otra, a la intemperie. Y los votantes acaban percibiendo que hay dos luchas diferentes, dos bandos alejados. Mientras, en ese flirteo que no acaba y que se enquista en el corazón de la formación, los candidatos a candidato del PSdeG van dibujando un paisaje de maniobras por el poder que no parecen ir por la senda del bien común o del interés general y que bien podría definir uno de los personajes de El sastre de Panamá. Casablanca sin héroes.