El camino de un tumor de mama, del cuerpo de la paciente a la biopsia intraquirúrgica

Laura Miyara / Yaiza Garea

ENFERMEDADES

Acompañamos al equipo del CHUO en el proceso que va desde la extirpación de un tumor hasta su análisis en el servicio de Anatomía Patolóxica para evaluar el riesgo de metástasis y recidiva

30 ago 2026 . Actualizado a las 19:28 h.

A las once de la mañana de un día de agosto, la jornada ya se presenta como una de las más calurosas del año en Ourense, donde el pronóstico marca que las temperaturas alcanzarán los 38 grados. Pero ni pacientes ni sanitarios están pensando en eso mientras se preparan para una intervención quirúrgica en el hospital: en la zona de los quirófanos, adonde nos dirigimos, cámara en mano, las condiciones están controladas al máximo para evitar cualquier complicación. Aquí, jamás se superan los 21 grados y los rayos fulminantes del sol veraniego son una cosa que les pasa a otros: la iluminación cenital es fría y aséptica. 

En estas salas del Complexo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO) se realizan cada año más de 19.000 intervenciones. Hoy asistiremos a una de ellas. Seguiremos el recorrido de un tumor mamario desde su extirpación del cuerpo de la paciente hasta el servicio de Anatomía Patolóxica, donde los expertos analizarán el tejido afectado por el cáncer para orientar los siguientes pasos del tratamiento. 

Preparación

Antes de la primera incisión, antes de la anestesia, antes incluso de que el cirujano pase por la estación de lavado de manos —de donde saldrá andando hacia atrás, empujando la puerta con la espalda para evitar volver a contaminar las extremidades—, una enfermera instrumentista ha abierto una voluminosa caja metálica en el quirófano. Dentro están todas las herramientas que se utilizarán en el procedimiento, preparadas minuciosamente en la Planta de Esterilización del hospital, en un proceso exhaustivo que puede durar más de tres horas. 

Tras comprobar la seguridad del material por medio de controles químicos —papeles reactivos que indican que la esterilización ha sido exitosa tornándose de color café—, la especialista dispone, sobre mesas cubiertas con una tela azul, decenas de instrumentos, desde tijeras hasta pinzas, portagujas (tenazas que sostienen la aguja para suturar) y bisturís, así como gasas e hilo quirúrgico. 

Cada elemento es contabilizado por el personal de enfermería, que debe conocer en todo momento dónde está cada segmento de gasa y cada herramienta. El recuento se vuelve a hacer hasta tres veces tras la operación para garantizar que todo esté donde tiene que estar. Además, cada caja de instrumental que va a un quirófano lleva un código de barras que permite la trazabilidad de todos los elementos que se utilizan en cada cirugía para, en caso de que ocurra un problema con un instrumento, localizarlo de inmediato.

En el quirófano

En total, son siete los sanitarios que participan en esta intervención, entre enfermeras, anestesistas y cirujanos. También está el celador, que entra y sale de escena de forma intermitente para realizar el transporte de los tejidos que serán estudiados. 

Tras enfundarse en una bata quirúrgica del tono de verde que todo quien haya pisado un hospital podrá reconocer, el doctor Manuel García García, jefe del Servicio de Cirugía del CHUO y coordinador de la Unidade de Mama, empieza la operación. «La paciente presenta un tumor pequeño, así que es suficiente con realizar una tumorectomía. Esto es, sacar solo el tumor, con un margen de tejido sano alrededor, y al mismo tiempo, extraer los ganglios de la axila. Con ellos vamos a hacer la biopsia del ganglio centinela», explica García en el pasillo, antes de entrar. 

El «centinela» es el primer ganglio linfático al que llega el drenaje de un tumor  —de ahí su nombre— y se encuentra en la axila. El primer paso, por tanto, consiste en localizar y extirpar este ganglio, con el objetivo de comprobar si las células tumorales se han extendido hasta él o no. «Este ganglio recibe todo lo que sale de la mama y si está sano, podemos asumir que el resto de los ganglios de la zona también lo están», detalla el doctor García. 

El ganglio se localiza utilizando una sonda, con la paciente ya bajo los efectos de la anestesia. Se marca con un rotulador la zona de la piel donde habrá que hacer una incisión para encontrarlo justo debajo. Tras su extirpación, el celador lo transporta directamente del quirófano al servicio de Anatomía Patolóxica para su análisis. En otros casos, los tejidos son preservados en bolsas de sellado al vacío y se mantienen a dos grados de temperatura, a la espera de su traslado a este servicio. La preservación en frascos de formol, habitual en el pasado, se reserva actualmente para el trabajo con tejidos o estructuras de tamaño pequeño, ya que la exposición excesiva a este químico puede ser perjudicial para el personal sanitario.

Como explica García, si las células del cáncer empiezan a moverse por el cuerpo, el ganglio centinela «es el primer lugar por donde pasarán», por lo que la biopsia es útil a la hora de orientar el resto del tratamiento que deberá recibir la paciente. 

Análisis del tejido

En la primera planta del hospital se encuentra el servicio de Anatomía Patolóxica. Aquí se reciben todas las muestras que son analizadas con diferentes técnicas. Carmen Penín, jefa de este servicio, resume la importancia de este trabajo poco conocido y, en ocasiones, incomprendido: «No hacemos analíticas, hacemos diagnósticos».

Sonia Díaz Pereira, técnica de Anatomía Patolóxica, explica que el recorrido de cualquier muestra en esta planta comienza con la comprobación del volante, para evitar que se produzcan errores. «Una vez comprobada y registrada, se le pone un número de identificación a la muestra con el que vamos a trabajar siempre. No usamos el nombre del paciente más que para asegurarnos de que todo coincida», asegura.

Para realizar la biopsia se utiliza un microscopio óptico y un equipo OSNA —amplificación de ácidos nucleicos en un solo paso, por sus siglas en inglés—. Se trata de una práctica «que combina biología molecular con un algoritmo matemático, para determinar la presencia o la ausencia de metástasis», explica la patóloga Dolores Arias Santos, que llevará a cabo las pruebas en esta ocasión.

El proceso comienza con Arias cortando el ganglio centinela en dos partes y colocándolas en respectivos recipientes. Mientras, el personal de Anatomía Patolóxica programa la máquina OSNA, donde se introducirá la muestra del ganglio junto con los reactivos para conocer el resultado de la carga tumoral que presenta. 

La máquina detecta y mide la presencia de células cancerosas mediante la cuantificación del ARN mensajero de la citoqueratina 19 (CK19), una proteína presente en las células y que se usa como marcador para el análisis de los ganglios. La prueba dura aproximadamente veinte minutos, variando en función de la carga tumoral que presente la muestra.

Análisis del tumor

Durante todo este proceso, el equipo de quirófano continúa con la extracción del tumor. El doctor García orienta la pieza con suturas para indicar la localización exacta en la que se encontraba dentro de la cavidad mamaria. Con una sutura larga se marca el extremo lateral del tumor, y, con una corta, el superior.  

A continuación, el cirujano acude al servicio de Anatomía Patolóxica para asistir al análisis intraquirúrgico del tumor y contrastar su observación con la doctora Arias. Una vez allí, la patóloga examina macroscópicamente la pieza y marca con tinta china toda su superficie antes de cortarla en secciones transversales, para observar hasta dónde llega el tumor y ver si existe un borde suficiente de tejido sano o no. El margen que se considere seguro dependerá del tipo de cáncer, pero a grandes rasgos, «si el tumor no toca la tinta, normalmente, es suficiente», apunta el doctor García. 

«La pieza quirúrgica corresponde a un nódulo de mama. La orientamos, marcamos, seccionamos y aportamos información sobre la distancia entre el tumor y los márgenes quirúrgicos. De no ser suficiente el tejido peritumoral sano, el cirujano puede ampliar esos márgenes en la misma operación», explica Arias. En este caso, el estudio intraquirúrgico revela que es necesario retirar más tejido en uno de los extremos. «Esto se hace para evitar una recidiva local», señala Penín.

El siguiente paso es la fijación, un proceso que frena la descomposición de los tejidos extirpados. Se extrae el líquido utilizando alcoholes, para que la muestra adquiera una mayor dureza, lo que permite realizar secciones seriadas más finas y uniformes. 

Esto último se conoce como tallado. Aquí, se miden las dimensiones del tumor y su peso, se realiza una descripción de su aspecto, incluyendo color, consistencia y rasgos, y se lo orienta anatómicamente. A continuación, se cortan secciones de la lesión tumoral, «seleccionando aquellas partes relevantes para las pruebas siguientes», detalla Díaz. 

Después, las muestras se sumergen en parafina —proceso denominado inclusión— para facilitar su manipulación y estudio. Así, se puede determinar «el grado histológico, el tipo de tumor y otros parámetros que puedan influir en el tratamiento», especifica Arias.

Estas secciones del tumor pasan a la siguiente estación de trabajo, donde se forman bloques que contienen las muestras, y que más adelante serán cortados en láminas de dos micras de grosor. Estas se colocan en portaobjetos, placas transparentes de laboratorio que permiten observar tejidos bajo el microscopio. 

Las láminas se someten a teñido y se preparan para su digitalización en un escáner de alta capacidad, una técnica innovadora que ha incorporado esta unidad y que permitió sustituir el 100 % de los microscopios tradicionales por herramientas de última generación. Esta máquina permite analizar cada lámina generando imágenes de alta resolución que los patólogos pueden estudiar al detalle en pantallas de ultra alta definición, con herramientas de visualización avanzadas. 

«Algunas de las patologías en las que conseguimos un mayor desarrollo en cuanto a digitalización son las mamarias. Estas herramientas permiten diagnosticar tumores de mama en la pantalla, determinando el tipo y grado del cáncer, en función del tipo de células, del patrón histológico y del número de mitosis», cuenta Penín.

Dentro del proyecto de transformación digital, el Sergas ha apostado también por la aplicación de inteligencia artificial al diagnóstico. «Se han licitado algoritmos para diagnóstico en carcinoma de mama, carcinoma de próstata y también en citología. Estos algoritmos se están validando para su incorporación en los hospitales y permitirán el apoyo diagnóstico, pero el papel del patólogo no se va a sustituir. Él es el encargado de integrar toda la información», asegura la jefa del servicio.

Una vez analizado microscópicamente el tumor, en el informe de Anatomía Patolóxica se indicará, en el caso de los márgenes negativos, la distancia del tumor al margen más próximo expresado en milímetros, y en caso de márgenes positivos —los que miden menos de un milímetro— se indicará la localización del margen afectado y si la afección es focal o multifocal.

Los resultados

En cuestión de minutos, las pruebas intraquirúrgicas de Anatomía Patolóxica están listas. El ganglio centinela ha arrojado un resultado negativo, lo que significa que las células tumorales no han llegado al sistema linfático o, en otras palabras, una ausencia de metástasis. Son buenas noticias. «No hay que hacer nada más», resume García. Si el resultado fuese diferente, se indicaría continuar con otros tratamientos oncológicos.

Con la respuesta conclusiva, el equipo de quirófano realiza la sutura de la herida quirúrgica y la paciente es trasladada a la unidad de Reanimación, donde las personas que acaban de ser operadas se recuperan bajo monitorización sanitaria antes de despertar de la anestesia. 

Todos los instrumentos utilizados en la operación se trasladan nuevamente al servicio de Esterilización en la planta -2 del hospital, a través de un montacargas directo, que impide el contacto de los elementos usados con otras personas o espacios. Una vez allí, el proceso de lavado y esterilización vuelve a comenzar.