Los olvidados del paraíso de las prestaciones sociales

espe abuín REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

CAPOTILLO

Marinos gallegos reclaman que Noruega les devuelva los impuestos que pagaron allí durante 30 años sin beneficiarse de las prestaciones

27 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Hay, dicen, un paraíso de las prestaciones sociales. Se llama Escandinavia. Noruega forma parte de la geografía de ese edén del bienestar, donde los salarios son altos, los niños llegan con un pan de 3.000 coronas noruegas (402 euros) al mes bajo el brazo, la baja por maternidad o paternidad dura entre 46 y 56 semanas -dependiendo de si se opta por cobrar todo el sueldo o un 80 %-, la universidad es gratuita y, aunque la sanidad no, es de lo más puntera.

Claro que eso no es gratis. Sale del bolsillo de los contribuyentes, a los que se les detrae un 40 % del salario para cimentar el frontispicio de ese nirvana social. Durante décadas, entre 1963 y 1994, miles de españoles, del orden de entre 7.000 y 12.000, gallegos en un 90 %, pusieron su granito de arena a esos pilares, al aportar más de un tercio de lo que percibían por su trabajo en petroleros, cargueros, graneleros, bulk-carriers, plataformas... Les correspondería ahora un trocito de ese cielo. Sin embargo, son los olvidados del paraíso, que cuando trabajaban para Noruega no pudieron beneficiarse de las ventajas sociales porque no residían en el país -aunque sí veían reducido su salario como si sus hijos naciesen en Tromso y estudiasen en Oslo- y que tampoco pueden hacerlo ahora, porque lo que entonces pagaron eran impuestos, no cotizaciones a la jubilación, y para beneficiarse del retiro tendrían que residir allí.

«No paraíso, no edén non se cometen tantas tropelías». Alberto Pardiñas es uno de ese colectivo de afectados que, por número, se equipara a la población de Ordes y supera con creces al de habitantes de Portonovo, donde se sitúa el epicentro de un movimiento que desde hace unos años intenta recuperar «o que Noruega roubou» o de lo que se apropió indebidamente, si se trata de ser políticamente correctos. La asociación Long Hope se constituyó en el 2008 para canalizar una exigencia que antes tan solo se abordaba en acciones aisladas: «Que Noruega nos devolva os impostos que pagamos», señala Juan Lores, portavoz de la citada agrupación. «Pagamos alá escolas, estradas, hospitais, universidades... E non usamos nada». Lo dice Lores, pero lo corrobora el Parlamento Europeo. En mayo del 2010, el problema de los marinos mercantes que trabajaron en Noruega fue materia de debate en la Eurocámara. Allí llegó a través de la Comisión de Peticiones, y allí lo defendieron Juan Lores y Alberto Paz, dos afectados. Y los eurodiputados fueron unánimes: lo que Noruega había hecho con los trabajadores españoles constituía una «grave injusticia social». Particularmente reveladoras fueron las declaraciones de la representante danesa, que «dixo sentir vergoña do que facía Noruega».

El caso se cerró con una recomendación muy clara: que España y Noruega negociasen un convenio bilateral con carácter retroactivo para reintegrar a los marineros lo que habían pagado sin tener por qué, puesto que estaba ya en vigor el convenio para evitar la doble imposición.

Grave injusticia social

Pero desde entonces no se ha movido ficha. El Gobierno español no acaba de cuajar la reclamación que repararía esa «grave injusticia social». La de que hayan pagado impuestos en Noruega, no hayan podido cotizar allí y España no les contabilice ese tiempo como trabajado. ¿Consecuencia? Hay jubilados de la marina mercante noruega que no cobran más de 500 euros de pensión, cuando sus colegas ingresan 1.500.

Y mientras, en el fondo de pensiones noruego, hay 504 millones de euros que 7.000 españoles cotizaron cada mes durante 30 años. ¿Los recuperarán? En eso confían.