Fernández Albor: «Es curioso, yo no siento la edad»

A los 95 años, sigue yendo a su despacho a diario y evita visitar al médico


«Ni siquiera me gusta pronunciar la palabra viejo, no me siento como tal -dice-. Y no voy al médico, tengo miedo de que me encuentre algo». Gerardo Fernández Albor (Santiago, 1917) es un hombre del siglo XXI metido en un cuerpo de principios del XX. El primer presidente de la Xunta, a cinco años de cumplir los cien, es un demócrata cristiano convencido, con mucha vida por detrás y toda la vida por delante. Hace unos días recibió la máxima condecoración civil, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

-¿Cómo se ve frente al espejo con casi cien años?

-Es curioso, yo no siento la edad. El hecho de cambiar físicamente me tiene sin cuidado. Solo me acuerdo de que soy viejo cuando camino. Me conformo con vivir y darle las gracias al que manda. Rezo todos los días un padrenuestro y un avemaría.

-Por si acaso...

-Porque me gusta. Cuando el que manda diga que ha terminado mi ciclo vital, perfecto. Pero si continúo creo que es porque el que manda me deja seguir. Seguiré trabajando mientras pueda por defender la convivencia política en España y la civilización y la cultura occidentales.

-Pero da la impresión de que la sociedad va hacia atrás...

-No vamos hacia atrás. Lo que sucede es que la gente tiene una trayectoria muy limitada. Yo, como la tengo más amplia, no veo la perspectiva tan trágica como la ven los demás. Viví una guerra civil, una guerra europea, sé lo que es una ciudad destrozada, millones de muertos, el hambre de verdad... Un chaval que no tiene empleo está viviendo una tragedia, pero para mí una tragedia era cuando te jugabas la vida.

-Le gusta hablar de libertad...

-Soy liberal en el sentido de libertad, de poco Estado, pero un Estado eficaz. Cuanto menos Estado, mejor Estado.

-¿Estamos maduros para eso?

-El Estado es necesario y la autoridad es necesaria, pero lo fundamental es una Justicia independiente. Todavía estamos pagando el «Montesquieu ha muerto» del Gobierno de Felipe González. Hay que controlar el poder desde la Justicia, porque el poder tiende al dominio.

-Usted sabrá, que tuvo poder...

-Tuve poco, afortunadamente. Nunca fui un hombre de ambición, ni lo soy. Me gustan los políticos que se toman la política como un sacrificio personal, es más fácil que el pueblo crea en ellos.

-¿Me cuenta lo de su juventud en Alemania formándose como piloto de aviones?

-En la guerra, yo fui al crucero Baleares, pero me gustaba más la aviación. Me mandaron con un grupo de españoles a formarme en Alemania. Eso me salvó la vida. Me tuvieron allí año y medio. [El Baleares fue hundido por la flota republicana el 6 de marzo de 1938. Murieron 786 hombres].

-¿Pero llegó a pilotar?

-¡Ave María! Al mes de venirme se acabó la Guerra Civil. No participé en ningún bombardeo ni nada.

-¿Y el gusanillo de volar?

-Me gustaba pilotar cuando los aviones eran de hélice y el aire te daba en la cabeza. Encerrado no es lo mismo.

-¿Quién vela por su imagen impecable?

-Mi mujer me dice solo si tengo alguna mancha y me ayuda con el botón del puño izquierdo y con el reloj. Si combino bien es por instinto.

-Hace seis años lo entrevisté en esta página ¿Quedamos para dentro de otros seis?

-Ojalá. Me conformo con que vengas el año que viene.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
35 votos

Fernández Albor: «Es curioso, yo no siento la edad»