«Temo que se lleven a los niños»

raquel iglesias RIBEIRA / LA VOZ

GALICIA

CARMELA QUEIJEIRO

Vive con 426 euros al mes y la comida que le llevan sus vecinos de Ribeira

18 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

«Una vez vino un ángel a mi casa, timbró en la puerta y me dejó una bolsa entera de comida. No pude verlo, pero estaré eternamente agradecida». Cristina Rivadulla es una madre desesperada. Uno de los rostros de esta crisis que ha traído con ella mil y un dramas. La historia de esta ribeirense, madre de cinco niños menores de edad, tiene como telón de fondo los malos tratos. Asegura haber sido víctima de violencia machista desde recién casada y actualmente mueve Roma con Santiago para poder alimentar a sus pequeños. Los yogures y las galletas están contados para desayunar: «A veces tengo que mezclar la leche con agua para que llegue para todos», confiesa. Cuando el dinero para hacer la compra se acaba -cobra una ayuda de 426 euros- son muchos los vecinos que acuden en su ayuda.

También la ropa se guarda como oro en paño para que aguante el trote invierno tras invierno: «Se van pasando las prendas. Todo se aprovecha», señala Cristina Rivadulla, que aunque solo tiene 34 años ya ha visto la cara más dura de la vida.

La Navidad está a la vuelta de la esquina y es en estas fechas cuando las cosas se ponen todavía más feas. Los niños más mayores, de doce, diez y seis años, se dan cuenta de que en su árbol no hay tantos regalos como en los de otros niños de su clase: «Les he dicho a los pequeños que los Reyes Magos también estarán pobres este año».

Un centro de menores

Cristina acude con frecuencia a Servicios Sociais de Ribeira y a Cáritas, pero asegura que últimamente se ve desatendida, al no poder acceder a diferentes subvenciones. Desde el Concello se ha señalado que se hace todo lo que se puede para ayudar no solo a esta ribeirense, sino a todas las familias que se encuentran desamparadas. Pero más que llenar la nevera lo que realmente le quita el sueño es perder a los niños. «Solo cobro 426 euros y temo que se lleven a mis hijos a un centro de menores. Los pequeños no pueden separarse de mí ahora. Me han dicho que esa es la mejor opción para que yo pueda dedicarme solo a buscar un empleo. He ido a varias entrevistas, pero nada de nada».

Mientras, se ocupa de sus hijos, a los que trata de ocultar su agonía. «Dos de mis hijos son hiperactivos y a la mayor le dan ataques de agresividad. Necesitan medicación, pero un bote de sus pastillas cuesta treinta euros», añade. La pequeña, de solo veinte meses, padece asma y también precisa tratamiento.

Las joyas de los bautizos

Poco a poco, Cristina Rivadulla ha ido vendiendo sus recuerdos, incluidas las joyas que les regalaron a los niños por sus bautizo. Su madre tiene alzhéimer y su hermano tampoco puede ayudarla económicamente, pero confía en que pronto las cosas vayan a mejor. «Tengo días, a veces te vienes abajo, pero tienes que seguir adelante». Y es que aunque la paciencia es un don que no le falta, a veces se ve sobrepasada para atender a todos los pequeños con unos recursos ínfimos. Los trámites de separación y el calvario que pasó esta ribeirense han marcado a los niños, sobre todo al de seis años, que comienza a flojear en los estudios: «Tengo que estar encima de ellos para hacer los deberes. Es duro, pero si un día me faltan es como si me faltara el aire».