Patricio Fernández, el padre del niño fallecido en el Hospital Provincial de Pontevedra dice que la duda de si la muerte se pudo evitar lo perseguirá siempre
19 oct 2012 . Actualizado a las 11:27 h.Tiene claro lo que le mueve. Que ningún padre tenga que pasar por el trágico trance de ver cómo su bebé muere horas después de recibir el alta hospitalaria. Patricio Fernández Tejera (Buenos Aires, 1972) lo sufrió hace escasos días en Pontevedra y ahora reclama justicia: «Tengo clarísimo desde el primer momento que al niño no me lo van a devolver, pero lo que busco es saber lo que pasó, para de este modo amortiguar el dolor y aprender a vivir con esto, y también que los procedimientos cambien. Estar más tranquilo sabiendo que si mañana tengo que volver con mi otro hijo no lo van a tratar de la misma manera. Que esto no le pase a nadie. La vida de un bebé no puede terminar así».
-¿Qué es lo que siente cuando observa la entrada del servicio de urgencias pediátricas?
-Siento que necesito saber por qué tengo un alta a las siete menos cuarto de la tarde y un certificado de defunción a las tres de la mañana. Todo lo que pueda sentir ahora, después de la pérdida de mi bebé, es relativo. Nada me va a hacer más daño que la pérdida que tuve. Tiene que terminarse eso de que te manden automáticamente a tu casa con un alta sin una prueba que lo certifique para que no tengan que hacer un certificado de defunción a las seis horas.
-Tal vez lo que más duele es precisamente eso, que no se le practicasen pruebas a su hijo.
-Por supuesto. Lo que no sé es si esto es una forma sistemática de trabajar, si es un protocolo... No era una fiebre normal. Vinimos rápidamente porque la fiebre le subió en un período de tiempo muy corto de forma muy brusca. De estar muy bien, el niño pasó a temblar como una hoja. Por eso vinimos, porque fue muy raro. Tengo otro hijo de 6 años y hemos venido muchas veces a urgencias porque tenía fiebre, pero nunca como esta.
-Tras bajarle la temperatura...
-Le dieron de alta a las siete menos cuarto aproximadamente. Horas después se volvió a encontrar mal, tenía un color muy raro y volvimos al Hospital Provincial. No recuerdo exactamente la hora, pero debió ser entre las doce y la una de la madrugada. El cuadro era muy raro, muy anormal a la fiebre habitual de un niño por un resfriado o por lo que fuera.
-¿Le han dado desde el centro médico o desde la consellería algún tipo de explicación? ¿Se han puesto en contacto con usted desde el hospital?
-No. Cuando acaba todo, cuando el niño falleció, nos dijeron que no sabían lo que había pasado, que no lo entendían y que si queríamos practicarle una autopsia para indagar por si había algún tipo de problema congénito que pudiera afectar a nuestro otro hijo. Dijimos que sí.
-¿Tiene ya algún resultado de los análisis?
-De momento no. Hay alguna sospecha de que pueda ser una sepsis o una infección de la misma bacteria de la meningitis en la sangre. Es lo que se puede sospechar a priori porque nos hacen tomar de manera preventiva a mi mujer, a nuestro hijo y a mí un medicamento por si fuera esta la causa.
-Si se confirman estas sospechas, y perdone por la frialdad de la pregunta, ¿cree que se podría haber evitado?
-Lamentablemente no sabemos si se pudo haber evitado y es la duda que me va a perseguir durante toda mi vida. Posiblemente el final de mi hijo pudo haber sido el mismo y tenía su hora marcada para morir ese día y a esa hora. No lo sabemos. En esta vida puede que se le llame milagro o como se quiera, pero se podría haber hecho algo más seguro. ¿Se podría haber salvado? Puede ser. Aunque solo haya un porcentaje mínimo, me hubiera agarrado a ese porcentaje suponiendo que se pudiera haber salvado. No lo dudo.