Con un sentimiento de creciente indignación, armadores y tripulantes se dieron ayer la mano y se unieron a la hora de expresar, de forma unánime, su visceral rechazo a un acuerdo pesquero que no solo se hizo a sus espaldas, sino que también supone para unos el paro y para otros el cerrojo a sus empresas. Una de las expresiones más fuertes que se oyó ayer en Marín estuvo en el discurso del tripulante Emilio Estévez. Con pocas palabras resumió el sentimiento de rabia de una de las flotas más importantes de Galicia y que se siente abandonada por los responsables políticos y por los que toman decisiones en la UE: «Estamos fartos de que os gobernantes nos tomen como a escoria da sociedade e o único que pedimos é o dereito a poder traballar». Lo pudo decir más alto, pero no más claro.
La griega Maria Damanaki era ayer en Marín el nombre más impopular, pero no el único. Los trabajadores gallegos y sus familias se sienten todavía más agraviados por la discriminación que supone que a los cefalopoderos se les eche de Mauritania a propuesta de la UE, con la excusa de que el recurso de pulpo está en peligro, mientras que la llegada de toda una flota china al caladero magrebí sirve como un evidente mentís a la postura oficial de la Unión.
Los afectados también criticaron al Gobierno español, que ya prometió la semana pasada que las ayudas para la flota eran inminentes. Los días pasan y la orden de ayudas no se publica ni ellos conocen su texto concreto.