Ley del silencio en Portas

Cristina Barral Diéguez
cristina barral PONTEVEDRA / LA VOZ

GALICIA

Los vecinos evitan pronunciarse sobre la imputación de su alcalde

07 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Preguntar a los vecinos de Portas qué les parece que su alcalde, Roberto Vázquez Souto, esté imputado por un delito contra la hacienda pública, y que haya abandonado el PP junto a sus seis concejales para evitar su expulsión del partido, no es tarea fácil. Antes de acabar de formular la cuestión, el ciudadano ya se ha dado media vuelta o despacha al periodista con la socorrida frase de «Eu de política non quero saber nada». Da igual que el lugar elegido sea un bar, la farmacia, el centro de salud o en plena calle.

El gallego se vuelve si cabe más gallego en este municipio pontevedrés de poco más de tres mil habitantes, que Roberto Vázquez, promotor de profesión, gobierna desde que en 1992 accedió a la alcaldía gracias a una moción de censura. El regidor tiene mayoría absoluta en la corporación -siete de once escaños- y, pese a las peticiones de dimisión de la oposición, cree que debe seguir en el cargo «para traballar por Portas como fixen sempre» y porque «os veciños vótanme». A Vázque Souto no le preocupa el futuro de su expartido, que tras su marcha se quedó sin representación en el municipio. «Non sei o que vai facer o PP, non son o presidente provincial. Eu estou aquí, xa se decidirá. Falta moito tempo. Uns días chove e outros sae o sol», dice.

Un mes después de hacerse público que el alcalde había solicitado su baja provisional en el PP, el tema sigue siendo tabú. Impera la ley del silencio. En el bar A Rapeira, epicentro de la vida en la localidad, la conversación del propietario y de varios clientes gira en torno a los Juegos Olímpicos de Londres. El tono distendido cambia cuando se pregunta abiertamente por la imputación del regidor.

«Eu non son veciño, son obreiro», comenta el dueño, que sale del atolladero emplazando al interlocutor a intentarlo con los que están al otro lado de la barra. Misión imposible. Son vecinos, pero optan por mantenerse al margen. «Prefiro non dicir nada», apunta un joven. Miradas y alguna sonrisa antes de dirigir al periodista al campo de fútbol o al colegio Domingo Fontán. Tampoco hay suerte. En la farmacia, ni el propietario ni su empleada quieren saber del tema. Una señora que sale de la botica sí acepta. «¿Que me parece o do señor alcalde? Mala persoa non é. Ademais é o meu veciño». Al ver la cámara de fotos, huye despavorida. Y es que nadie quiere complicarse la vida.