La opción de ceder la vivienda habitual para los turistas ha aumentado un 20 %
16 jul 2012 . Actualizado a las 15:31 h.Alberto tiene cincuenta y seis años y está en el paro. Para hacer frente a la crisis, este vecino de Soutomaior se va de su hogar durante el verano y lo alquila a turistas que vienen a las costas gallegas atraídos por los atractivos parajes y la gastronomía de las Rías Baixas. «Para tapar agujeros, pues es una pequeña ayuda -comenta-; mientras tanto, vivo con unos familiares».
Los meses de verano, por fortuna, suponen un respiro para los más espabilados, que se suben al carro de una práctica que en los últimos años ha aumentado un 20 % en O Morrazo y su entorno: el alquiler de la propia casa.
Manuel, también de Soutomaior, vive la experiencia desde el otro lado: es él quien acoge a su hija Raquel y su pareja mientras estos dejan su casa en julio y agosto, ya que con el único ingreso que supone la pensión de Manuel tiene que mantener a toda la familia. «Es el caso de mucha gente», opina.
Las playas gallegas, que han ganado fama y prestigio en los últimos años, se han convertido en un anzuelo para miles de turistas que ya prefieren nuestras costas a las masificadas playas mediterráneas. Ya en el 2007, el periódico británico The Guardian señalaba la playa de Rodas, en las islas Cíes, como la mejor del planeta. Ante esta nueva situación, el contexto hostelero se mueve a la misma velocidad y no son pocos los que han visto aquí una original forma de hacer negocio y ganar dinero.
¿Qué pasa, sin embargo, con los que no tienen una segunda vivienda a la que irse? Es el caso de muchos, que se decantan por otra vía: la de alquilar no su casa entera, sino solo una parte, una práctica que, en cualquier caso, no se ve solo en verano.
Es lo que le ocurre a Alfredo, de Redondela. Para hacer frente a una hipoteca, este desbrozador de montes no alquila su chalé entero, sino la primera planta, quedándose él en el piso de abajo. «Al principio, la gente me echaba para atrás, me decían ¡a ver a quién metes en casa!, pero no he tenido problemas», dice, refiriéndose a sus inquilinos, Juanjo y Lucía, quienes opinan que es una buena manera de afrontar la crisis: «Está bien, ayudas con los gastos, pero sí que hay que tener cuidado con la persona que metes en casa, porque te puedes llevar un disgusto». Ellos también están contentos con este tipo de iniciativas. «Tenemos la playa aquí al lado y nos viene muy bien». También a Alfredo le resuelven los cuatrocientos euros que le pagan al mes: sirven para pagar la hipoteca y asumir el coste de unas reformas en el inmueble.
Otras alternativas más económicas las encuentran muchos turistas en el alquiler de apartamentos, donde un mes de arrendamiento se puede encontrar por un precio de entre 1.000 y 1.500 euros. En esta comarca, un piso de sesenta metros cuadrados, a pie de playa, puede llegar a multiplicar por seis el precio de alquiler que tendría en invierno.
crisis alternativas a las estancias tradicionales
Los apartamentos a pie de playa pueden multiplicar por seis el precio de la renta del invierno