La recesión, el ajuste presupuestario y el futuro incierto de Novagalicia complica el último tramo de la legislatura.
22 ene 2012 . Actualizado a las 16:51 h.En lo que queda de legislatura en Galicia, y puede que sean apenas diez meses, es muy probable que la economía siga deteriorándose, que el paro crezca todavía más, que a la Xunta le enmienden a la baja los Presupostos desde Madrid, que el AVE gallego agrande su retraso y que Feijoo vea pasar por delante los restos mortales de las cajas de ahorros y el banco resultante sin hacer nada para impedirlo. Al Gobierno autonómico le espera un fin de mandato amargo, apenas endulzado con algunos guiños de Rajoy y la circunstancia de que la oposición esté desactivada con sus procesos internos.
En la dirección del PP dan por descontado que, a partir de ahora, a la Xunta le tocará hacer de «delegada» de Madrid y asumir parte del coste que pueden tener algunas de las decisiones que pueda tomar el Gobierno central para reducir el déficit público.
Vendas antes de la herida
Para lo que pueda venir, los populares ya han empezado a ponerse vendas antes de mostrar las heridas. El recorte de 1.000 millones de euros del gasto en Fomento afectará al AVE gallego, y quizás por eso desde el entorno de Ana Pastor buscan pretextos, alegando que también hallaron una deuda de 600 millones en el pago de las expropiaciones de terrenos.
Algo parecido hace el propio Feijoo cada vez que es preguntado por el futuro de Novagalicia Banco: «Non temos tutela sobre Novagalicia», dice como desvinculándose, cuando antes lo que intentaba era capitalizar la existencia de un sistema financiero propio en la comunidad.
El escenario político de este 2012 todavía se puede seguir esbozando con decisiones muy impopulares que se pueden meter en la agenda, como el incremento del copago en los medicamentos, el alza de algunas tarifas de los servicios públicos para aligerar el gasto, lo de las escuelas infantiles es solo un ejemplo, o incluso nuevas subidas de las cargas fiscales, como está demandando Bruselas.
Pero la llegada de Rajoy a la Moncloa tiene para el PPdeG más ventajas que inconvenientes y, sin duda, los intentará poner en valor. Feijoo sacó pecho hace unos días afirmando que en el último mes habló más con el Gobierno central que en tres años con el de Zapatero.
Antes de las generales de noviembre, el Gobierno gallego le pedía gestos a Madrid para que no asfixiara a las comunidades. Y Rajoy los está haciendo, en buena medida porque casi todas las autonomías están en manos del PP.
El aplazamiento de las devoluciones presupuestarias al Estado de 10 años más es una medida en esa dirección. La Xunta gana margen en caja, porque antes tenía que entregarle a Madrid 430 millones de euros al año y ahora solo 215. La decisión de Montoro de avenirse a negociar los 805 millones de la financiación que reclama Galicia va en la misma dirección, al igual que el guiño del Gobierno de Rajoy con el sector naval, al decir que defendería en Bruselas la propuesta gallega, aunque está por ver si la UE afloja con este asunto.