El PP pone todas sus expectativas en el cambio de Gobierno para poder enfrentar la fuerte deuda contraída por Galicia
23 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La crisis ha metido la autonomía gallega en el túnel del tiempo. La conselleira de Facenda, Fernández Currás, no se cansa de repetir que la Xunta manejará en el 2012 un presupuesto similar al del 2006, lo que unido al alza de precios del último lustro y a la asunción de nuevos gastos, como la dependencia, lastrará las arcas de la Administración durante varios años. El resultado más visible es que la capacidad de inversión real del Gobierno gallego retrocedió una década, a las vísperas del Prestige, tal y como apuntan en el PP, mientras que la deuda pública contraída por la comunidad alcanza picos históricos. Y todo indica que seguirá creciendo.
Esta es la cruda realidad que refleja el proyecto de Presupostos que mañana empezará a debatir el Parlamento: más deuda y menos margen para gastar en obras y en servicios, porque las normas autoimpuestas (estabilidad presupuestaria y techo de gasto) obligan primero a que pasen por caja a cobrar los prestamistas y, después, el resto. Es casi lo mismo que le ocurre a una familia hipotecada con vocación de preservar su vivienda: primero el banco y después a apretar el cinturón para intentar mantener la vida de antes.
Hace ya más de un año que el entonces portavoz parlamentario del PSdeG-PSOE, Fernández Leiceaga, vaticinó que el Ejecutivo autónomo llegaría a cuadruplicar la deuda pública en una legislatura. El tiempo dirá si exageraba, aunque por lo de pronto se ha duplicado con creces. A principios del 2009, la Xunta debía 3.232 millones de euros, a razón de 1.175 euros por gallego. A finales del 2012, la cifra se situará en los 2.860 euros por ciudadano, un total de 7.746 millones, es decir, el equivalente al gasto de la Consellería de Sanidade de dos años y medio.
«Teniendo en cuenta las cifras, hay que poner en valor que sigamos vivos», señalan lacónicamente desde el Ejecutivo de la Xunta, que ahora pone todas sus expectativas en que se produzca un cambio en el Gobierno de España con la esperanza de invertir la tendencia.
En el PP gallego son conscientes de que si Mariano Rajoy accede a la Moncloa tampoco tendrá margen para demasiadas alharacas en el gasto, pero sí confían en que se produzcan dos o tres decisiones que permitan a las autonomías tomar un poco de aliento.
«Precisamos un Goberno que axude a Galicia a enfrontar a débeda que temos», reclamaba ayer Feijoo en un acto con candidatos a las generales. Hablaba de deuda en términos genéricos, pero a pocos se les escapó que en realidad estiraba la mano para pasar el cepillo.
Porque del Rajoy presidente, llegado el caso, el PPdeG no solo espera decisiones en materia laboral y fiscal para remontar la situación económica, que también. Además, le pedirá un par de gestos. Uno dirigido refinanciar la deuda de Galicia con el Estado, para poder devolver los anticipos de 2.500 millones no en seis años, sino en un decenio. Y el otro será un gesto moral, para que el Estado eleve al 50 % su aportación a un sistema de ayuda a los dependientes que, en Galicia, es capaz de engullir lo que le echen.