Sobre su sombra se va formando la madre de todas las batallas en el PSdeG, aunque ella apenas haya abierto la boca para hablar de su futuro. Una parte del partido, con Abel Caballero al frente, la dibuja como su Helena de Troya, con grandes virtudes y un gran recorrido por delante que se muestran dispuestos a apoyar Rubalcaba y José Blanco. El aparato de los socialistas gallegos, en cambio, la ve como el caballo de madera que oculta a aguerridos soldados en su interior prestos a librar la batalla por la candidatura a la presidencia de la Xunta de Galicia en las próximas autonómicas.
Para Carmela Silva todas estas batallas no son nada nuevo, porque se podría decir que su recorrido por el PSOE ha estado lleno de ellas, desde que accediera a la familia socialista a través del Programa 2000 con el que los hombres y mujeres del Partido de los Trabajadores de Carrillo vivió su lifting ideológico para poder sobrevivir. Antes incluso, la hasta ahora portavoz del PSOE en el Senado hizo sus primeros pinitos en las Juventudes Comunistas de España en Vigo, su ciudad natal (1960).
Como Abel Caballero, Silva trabajó en las estructuras del PCE, pero ambos en distintas épocas. No fue por ello en las filas comunistas donde forjaron una inquebrantable amistad, que le ha servido para volver a la política tras verse apeada de todo tipo de cargos. En su entorno aseguran incluso que el regidor influyó en que cursase estudios de Derecho para aumentar su currículo de diplomada en Pedagogía Terapéutica.
Fue en la campaña de las elecciones generales del 96 donde ambos se conocieron, él de cabeza de lista y ella situada en la cuarta posición. El salto del exministro a la carrera política autonómica le granjeó la oportunidad de acceder a su escaño en el Congreso, estrenándose así en la primera línea de la vida política. Desde entonces, Caballero no ha dejado de ser el mentor de esta madre de futbolista profesional que, aunque sueña con jugar en el Celta, le marcó la temporada pasada un decisivo gol en Balaídos con la camiseta del Villarreal B.
Lideró una de las tres agrupaciones del PSOE vigués, la de Balaídos, la más convulsa. Tanto, que en sus reuniones hubo agresiones, denuncias y peleas. Fue su etapa más dura, en la que sufrió una campaña de pintadas ofensivas por toda la ciudad.
Caballero fue el que la rescató para la política años después, pidiéndole a la ministra Elena Espinosa que le hiciese un hueco como asesora, y nombrándola además concejala no electa más tarde.
Su sorpresiva portavocía del PSOE en el Senado le hizo abandonar el Concello, de donde ahora no quiere volverse a ir, prestándose de esa forma para la operación derribo de Pachi Vázquez, mostrando sus dotes como Helena de Troya y llevando el caballo de madera si hace falta también.