Zapatero dejará la Moncloa precisamente a principios del 2012. Si sus compromisos sobre el AVE gallego no se hubieran limitado al márketing político, ya como expresidente podría volver a la Galicia de sus veranos antiguos en un tren de alta velocidad. Pero a pesar de la insistencia en aquella fecha, en el 2012 ni siquiera habrán empezado las obras en los tramos más complejos. Poco más se puede decir sobre este episodio que no sea recordar la desazón del expresidente Touriño, el primero que se sintió engañado por este puedo prometer y prometo.
Con estos antecedentes, pocos gallegos se darán por aludidos cuando Zapatero habla del 2015. Se trata de un plazo cuyo desgaste por incumplirlo ni siquiera lo sufrirá quien más puso para lograrlo, el actual ministro de Fomento. Blanco ha licitado y licitará, pero serán otros los que tengan que buscar encajes en unos presupuestos yermos para sostener ese ritmo de inversión del que habla Zapatero. Un presidente, por otra parte, que ha mostrado compromiso con el noroeste y ha mantenido una inversión récord en Galicia que permitirá disfrutar de nuevos corredores ferroviarios este año. Así que cuando el tiempo decante lo mitinero de lo sustancial, quizás Zapatero no sea solo recordado por ser el presidente del 2012. Algo habrá que agradecerle.