Ante una situación excepcional, un sacerdote con dispensa puede gobernar
20 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Es, modestia aparte, un pilar de la Archidiócesis de Santiago de Compostela y de la propia catedral. Daniel Lorenzo Santos (A Pobra do Deán, 1963) puede él solo con los cargos de canónigo fabriquero, presidente de la Comisión de Cultura y Arte y presidente del Tribunal Eclesiástico.
-¿Qué hace exactamente un canónigo fabriquero?
-Tradicionalmente se ocupa de las fábricas de la catedral, es decir, todo el inmueble y lo que contiene. Es el encargado de las obras, del mantenimiento y la restauración.
-¿Y el presidente del Tribunal Eclesiástico?
-Es el responsable de los asuntos contenciosos que llegan a la diócesis. Las iglesias tienen sus tribunales, también sus tribunales de apelación, la Santa Sede sería el Tribunal Supremo... Santiago de Compostela, como es sede metropolitana, tiene tribunal de primera instancia para la diócesis de Santiago y, de segunda instancia para todas las otras diócesis de Galicia.
-Los tribunales ordinarios están saturados. ¿Ustedes también?
-Sí, pero no tanto, hemos tenido épocas peores. En los últimos tres años ha bajado el número de demandas de nulidad de matrimonio, que son algunas de las causas que más nos entretienen. No ha bajado el número de sentencias afirmativas, que sigue siendo realmente muy alto.
-¿Quién pide la nulidad?
-Una persona que tiene conciencia de que su matrimonio no ha sido válido. A partir de ahí hacemos un estudio en el que Santiago ha sido pionero. Don Manuel Calvo Tojo estableció un sistema de asistencia directa del tribunal a los fieles, de manera que no tienen que valerse ni de abogado ni de procurador. Llegan, plantean su asunto, se trabaja su asunto y se les acompaña a lo largo del proceso.
-¿Las rupturas matrimoniales son más amigables dentro que fuera de la Iglesia?
-No. Ten en cuenta que la mayoría de las personas que acuden al Tribunal Eclesiástico tienen ya sentencia de separación y, en la mayoría de los casos, también divorcio. Y, si están muy peleados, aquí suelen llegar con ese lastre: custodias, compensatorias, temas patrimoniales en los que nosotros no podemos entrar...
-¿Un cura no puede militar en un partido político?
-El código establece ciertas limitaciones, sobre todo en cuanto al ejercicio de cargos de responsabilidad en partidos y sindicatos. Lo mismo a la hora de poder gestionar empresas o estar en cualquier actividad que exija el rendimiento de cuentas. En una situación excepcional cabría incluso la posibilidad de que un cura pudiera ser presidente del Gobierno. La autoridad eclesiástica tendría que dar la dispensa si existiera una razón grave. Por ejemplo, que ese cura fuese la única persona cualificada para ese cargo.
-¿Les ha llegado algún matrimonio homosexual que pida ser reconocido como tal ante la Iglesia?
-No se nos ha dado el caso. Pero es imposible. No podemos ir contra una legislación. Sería algo así como pensar que, sin una modificación legal en España, se produjera esta situación. La legislación, en el ámbito de la Iglesia, tiene una peculiaridad: que no depende de la voluntad de un legislador. Tiene que ser acorde con la escritura, la tradición, la doctrina de la Iglesia.
-En la sociedad estatal la legislación evoluciona con la sociedad. ¿La Iglesia es inmovilista?
-Nosotros podríamos decir que la sociedad estatal es relativista, que todo está siempre en mutación constante.
-Vale, lo dejamos. Volvamos a sus otras responsabilidades: ¿Hay catedral para otros ochocientos años?
-Sí, pero solo si la cuidamos. Nuestra catedral sigue siendo una estampa bastante aparente. Pero, al detalle, si no se atajan los daños que ya tiene, malo. Tenemos mucho que hacer.
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