Sostiene el diputado de CiU Pere Macias, ingeniero de Caminos, que el café para todos -el AVE para todos- es una estulticia y que es preciso paralizar las líneas de alta velocidad que están en proyecto porque no son rentables. Un gallego o un asturiano que se dé por aludido podría pensar que los nacionalistas catalanes creen que lo mejor es que unos pocos se atiborren de café mientras los demás se conforman con la achicoria, aquel sucedáneo de la posguerra al que obligaba la autarquía franquista. También podría reflexionar sobre la viva paradoja que supone que quienes predican el derecho a decidir sobre una presunta independencia solo se preocupen del resto del país cuando las inversiones multimillonarias se desvían hacia la zona noroeste o «la patria chica» del ministro, como ironizó en el Congreso. Resumiendo: mientras están con nosotros no quieren que parte de su dinero se malgaste en nosotros. En un AVE «a ninguna parte».
Pero vamos a suponerle buena voluntad al señor Macias. Quizás está preocupado: el déficit y la crisis nos ha traído ese jarro de agua fría que quizás necesitaba un mapa de alta velocidad desproporcionado. Tal vez tenga razón y no haya que llevar el AVE a la puerta de cada casa, aunque suponemos que al diputado nacionalista, que seguro que lo usa a menudo, lo deja no muy lejos de su hogar en Barcelona. Tal vez haya que buscar la racionalidad y el sentido común, pero también un proyecto de país -refiriéndonos a España, claro- que quizás los políticos de CiU circunscriben solo a Cataluña.
¿Queremos una España hemipléjica a dos velocidades o asumimos por fin que el noroeste existe? ¿Condenamos a una parte del país a que tarden más de nueve horas en sus viajes en tren mientras otros lo hacen en dos horas y media? Probablemente CiU ni siquiera se plantee estas preguntas. Pero aquí sí que nos preguntamos qué pasaría si estos baremos se aplican a otros servicios públicos como la sanidad. Algún día alguien podría decir que las inversiones multimillonarias en una población envejecida como la gallega no llevan a ninguna parte.