La provincia, que se sustenta en un sector primario en plena convulsión, continúa perdiendo población y soporta un retraso en las principales infraestructuras
25 ene 2010 . Actualizado a las 09:59 h.Lugo es y seguirá siendo -las referencias estadísticas no apuntan hacia otro camino- una de las dos cenicientas gallegas junto con su casi gemela, en cuanto a cifras y porcentajes, Ourense. Esta posición se la debe a una múltiple conjura de factores, difíciles de corregir y a los que ha contribuido decisivamente su envejecida población. El 27% de los lucenses han cumplido los 65 años. Lógicamente, esta situación se refleja en las cuentas de la Seguridad Social -ingresos por cuotas y nómina de pensiones- en la provincia, endémicamente deficitarias. Un dato revelador: en el pasado mes de diciembre eran 127.907 los afiliados al sistema, frente a otras 120.985 personas que percibían algún tipo de pensión contributiva.
Las esperanzas puestas en la mano de obra extranjera, que pasó de 1.070 afiliados a la Seguridad Social en el año 2000 a los 6.275 en noviembre del pasado año (censados, más de 11.000), no aportaron la solución. Lugo sigue perdiendo población. La sangría, especialmente en la zona rural, que continúa desertizándose sin que nadie le ponga freno, supuso que en los últimos diez años la provincia redujera su censo en 10.070 habitantes.
Dependencia excesiva
La excesiva dependencia del sector primario, según la convicción que se arrastra desde hace años (aunque se alzan voces que sostienen que será el puntal para poder salir de la crisis), y el poco peso de la actividad industrial caracterizan también el desarrollo de Lugo. Con muchas menos empresas que las demarcaciones de la Galicia atlántica, los efectos de la crisis general se hacen notar con una mayor proximidad y especialmente cuando afectan a los pilares de la economía de la provincia.
El caso de la planta de Pascual en Outeiro de Rei es el ejemplo más significativo. La fábrica, con 155 puestos de trabajo en el mes de mayo, está cerrada desde el verano y pendiente de reabrir en marzo de la mano de Alimentos Lácteos, con un futuro incierto a tenor de la situación general del sector. Se incorporarán previsiblemente los 74 trabajadores que no optaron por pedir la liquidación. La onda expansiva de Pascual convulsionó a un sector en profunda crisis, del que viven directamente cerca de 8.000 familias lucenses que se dedican a la producción de leche y que en muchos casos se encuentran al borde de la quiebra porque los precios de la leche no cubren los costes de producción.
A falta de los datos que recojan el anunciado cierre de explotaciones por el ahogamiento que suponen los precios de la leche, hay que constatar una reducción en el número de granjas y aumento de la producción. En la campaña del 2003-2004 estaban contabilizadas 7.661 explotaciones en la provincia de Lugo, con una cuota de 871.185,81 toneladas. En la del 2007-2008 quedaban ya 5.639 granjas, con una cuota que sobrepasaba el millón de toneladas y que representaba el 46,2% de la asignada a Galicia.
Otro de los potenciales de la provincia que tampoco atraviesa sus mejores momentos es el sector cárnico, con 7.201 productores, más de la mitad del total de la comunidad. Su situación obedece al lastre de unos precios invariables desde hace años.