Históricamente el PSOE vigués aglutina en torno a su líder de turno un amplio espectro de militantes atraídos por el calor del poder y las ventajas, de todo tipo, que han ido obteniendo de 26 años y medio de gobiernos municipales con su mismo color en la ciudad. Los menos favorecidos en esa relación clientelar o los que la consideran impropia de una formación de izquierda se han ido pasando el testigo de la contestación interna, logrando siempre un eco que ha traspasado las fronteras informativas de la ciudad, evidenciando el carácter convulso de la agrupación más numerosa del PSdeG, que pese a ello nunca ha tenido poder real en la cúpula de la organización en la comunidad. Momentos como los que han propiciado la falta de un liderazgo estable en el partido en Galicia o como el actual, con la pérdida de la Xunta, han animado a los dirigentes del partido en la ciudad a echar pulsos a la dirección del PSdeG, reclamando más peso y presencia del socialismo vigués en la estructura autonómica.
La derrota de Emilio Pérez Touriño propició de nuevo el levantamiento de la bandera del PSOE vigués, llevando a su presidente y alcalde de la ciudad, Abel Caballero, a reivindicar para sí el papel de dirigente socialista de mayor influencia de la comunidad, por ser el regidor de la urbe más poblada de Galicia y el líder de la agrupación con más afiliados (1.200, aproximadamente).
Disputas personalistas
«Lo que se está produciendo es una auténtica lucha de egos», valora un alto cargo del PSdeG, que asegura que el pulso por la polémica convocatoria de la asamblea local es su síntoma más claro. Dicha pugna nació por la disconformidad de Caballero con el papel que Vigo jugará en la nueva estructura provincial del partido, que controlará el tándem que forman el actual coordinador de la provincia y futuro líder de la demarcación, Modesto Pose, y el delegado del Gobierno en Galicia, Antón Louro. La falta de apoyos en el resto de la provincia, e incluso en la comarca de Vigo, llevó a Caballero a trazar su pulso directamente contra Pachi Vázquez, para intentar lograr mayor peso para su círculo en el comité provincial, a costa una vez más de una democracia interna limitada y controlada, motivos que en febrero del 2003 adujo la dirección del PSdeG para destituir entonces a la ejecutiva local de su partido, disolver la agrupación y nombrar una gestora.