La satisfacción de los mariñanos, con la entrada en funcionamiento del tramo de la transcantábrica situado entre Barreiros y Asturias, pronto se ha convertido en preocupación al ver que las obras del tramo Mondoñedo-Lindín se han visto ralentizadas desde hace varios meses a causa de los desprendimientos de terreno en esta zona, la más compleja de toda la autovía.
El Ministerio de Fomento confirmaba a principios de junio que de los cinco kilómetros y medio del tramo se tuvieron que paralizar las obras en tres por los corrimientos de tierras, obligándoles a encargar un estudio técnico adicional para solventar el problema. Estudio que, según comunicaron en su día al Concello mindoniense, estaría listo para poder retomar las obras a finales de julio o en la primera quincena de agosto. Sin embargo, desde el ministerio eludían explicitar fechas hace pocos días, limitándose a manifestar que el asunto está en manos de los técnicos y que la obra «es una prioridad para Fomento y se movilizarán los recursos necesarios; nuestro compromiso es agilizar los tramos teniendo en cuenta la seguridad».
Las empresas Ferrovial-Agromán y Construcciones Taboada Ramos son las encargadas de ejecutar este tramo. Fue adjudicado en 51,3 millones de euros y es hasta el momento el segundo más costoso del trazado gallego de la A-8, después del que le sigue, entre Lindín y Carreira. Sin embargo, con las modificaciones futuras posiblemente pasará a liderar el ránking en cuanto a inversión.
En principio, las empresas planeaban aprovechar el verano para acometer un trabajo que resultará más complicado en invierno, con la lluvia y los problemas orográficos que presenta el terreno.