Los tres rectores gallegos llevan años con los brazos estirados y las palmas boca arriba. «Temos complexo de mendicantes». La actitud pedigüeña que confesó Senén Barro (Santiago) en la inauguración oficial del curso 2007-2008 no dio resultados. En ese acto estaba el entonces presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño. Pero ni este cumplió su promesa electoral de que la financiación llegaría al 1% del PIB al terminar la legislatura, ni las universidades gallegas salieron del atolladero de la mediocridad al que las veía abocadas el propio rector compostelano, solo un año después, por la falta de fondos.
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El análisis frío de los datos también reclama más fondos. El informe La universidad española en cifras 2008 situó a Galicia como la segunda comunidad que menos invierte por alumno, un 17% menos que la media estatal, según datos del 2006. Diez años antes era la quinta autonomía que más gastaba.
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En el 2004, las tres universidades habían firmado el Plan de Financiación para regular el dinero que la Xunta les aportaría cada año, vigente hasta el 2009. Pero tenía trampa y, en secreto, las universidades gallegas están deseando que no se aplique literalmente. Porque liga el 90% de los ingresos de las universidades -los llamados incondicionados, por no estar sujetos a objetivos- a la evolución de los ingresos no financieros de la Xunta. En crisis, el presupuesto autonómico cae. Si el plan se aplica literalmente, las universidades perderán dinero. Pero seguirán haciendo frente a una nómina que este año se tragará 335 millones.
Para este año el bipartito reunió un fondo extra de casi 16 millones. La aportación autonómica creció un 2,4%. Fue menos que el IPC, pero sin ese dinero habría caído un 1,3%. La Consellería de Educación no hará un nuevo plan de financiación de momento, pero las universidades esperan que al menos sí les dé una paga extra.
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La Universidad afronta uno de los mayores retos de su historia, la adaptación al espacio europeo de educación superior, el conocido plan Bolonia. Si los trámites se cumplen, 84 carreras empezarán el próximo curso adaptadas a Europa. Lo harán en un tiempo de crisis, en medio de una vorágine de ERE, «buratos» presupuestarios y planes de ajuste. Y necesitarán dinero. «La Xunta tiene que reconocer si quiere que juguemos en primera división o no», avisa alguien con responsabilidades de gobierno en una universidad. El propio programa electoral del PP prometía hacer un plan financiero en el 2009 para que estuviera vigente en el 2010, y reconocía «ilusorio» creer en la adaptación a Europa sin «os recursos e o financiamento necesarios para poñelo en práctica e competir en calidade e excelencia docente e investigadora».