El temor a la fractura interna y el pulso entre facciones dibuja una solución temporal para los nacionalistas, mientras intensifican su activismo social y la oposición al PP
24 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Todo está moi revolto», aseguraba ayer un histórico dirigente de la Unión do Povo Galego para describir la situación que vive el Bloque. El temor al enquistamiento de un sector crítico que ponga en cuestión todo lo que se haga a partir de ahora, e incluso el miedo a la fractura interna, impregnan los mensajes de la corriente mayoritaria concentrada entorno a la UPG. Por eso la unión «preocupa e ocupa», dicen los upegallos, que esta vez, con el independiente Guillerme Vázquez como cartel, se encuentran inmersos en conversaciones cruzadas para tratar de llegar a acuerdos antes de la asamblea nacional del 10 de mayo, o por lo menos dejarlos perfilados, y lograr así alejar los focos que están evidenciando las contradicciones internas y las luchas de poder en el seno del BNG.
Y es que es ese pulso entre las facciones del Bloque el que está tensionando un proceso en el que todas las corrientes se han apresurado a desvincularse de la etapa trazada por Anxo Quintana para no partir con desventaja y deudas en el nuevo BNG, en el que la UPG seguirá haciendo valer su peso -solo falta saber con quién-. Por eso Beiras con Listas Abertas y los quintanistas con Máis BNG se acusan mutuamente de haber pactado en secreto con la «U», para atraer así con sus denuncias el voto de los delegados que quieren un nuevo orden en el nacionalismo gallego en el que la UPG tenga menos poder.
Pero el partido que lidera Francisco Rodríguez, además de la mayoría en el Bloque, tiene sus llaves, infinidad de cuadros, la mitad del grupo parlamentario y las riendas de CIG. Por eso es la UPG la que más aboga por repartir la ejecutiva en función del poder de cada corriente. Y parece cada día más previsible que será lo que acabe ocurriendo.
Portavocía
Máis BNG y Listas Abertas lo tienen claro, y por eso coinciden en admitir como posibilidad que se elija en el cónclave de mayo el consello nacional, y que sus miembros pacten la ejecutiva después. La UPG podría estar de acuerdo con ello, pero no a ceder en esta ocasión la portavocía como antes hizo con Quintana o Beiras, por lo que mantendrá la opción de Guillerme Vázquez hasta el final.
En todo caso, la resolución al pulso será temporal. El frente nacionalista debe celebrar una asamblea ordinaria antes de un año y en ella se volverán a repartir papeles y definir las opciones a la candidatura a la presidencia de la Xunta. Por eso la UPG no quiere dar ventajas ahora a ninguna corriente, ni dejar que Carlos Aymerich concentre la portavocía parlamentaria y la de la organización. Sería demasiado protagonismo como para desmontarlo después, apuntan desde la ejecutiva en funciones del frente, donde nada se da por descartado. Aymerich, el propio Quintana, si no se da con ninguna otra opción, son algunas salidas electorales que no se descartan, aunque el perfil que mejor encaja a día de hoy para mostrar un BNG renovado, distinto en las caras y en los gestos, es la de la ex conselleira Teresa Táboas. Pero para eso aún quedan cuatro años y muchos acuerdos internos que alcanzar.
Mientras, las tres plataformas, que junto al minoritario Movemento Galego ao Socialismo, optarán con lista propia al consello nacional, coinciden en querer revitalizar las bases, con medidas como la vuelta al asamblearismo, como propone Beiras, o con un contacto más estrecho desde la dirección, como quiere Guillerme Vázquez.
Más izquierda
El giro a la izquierda también está presente en todos los idearios, así como el activismo social que ya se está poniendo en marcha en el terreno laboral y agrícola. Capitalizar la oposición al PP endureciéndola desde el Parlamento y los concellos es otra de las recetas básicas, sobre todo defendida por Máis BNG.
«No fundamental estamos de acordo, e cando se vote só queda traballar; o que non queira terá que dicir por que e se prefire marchar, pero non podemos volver a fracasar», concluye un dirigente del BNG.