El maná llegó a Trabadelo de la montaña de la sierra de La Escrita. Desde que el sábado cortaron la autovía, la actividad en los establecimientos comerciales de la zona vuelve a ser como antes, como cuando hace ocho años el tránsito solo era posible por la N-VI.
«Ya podía ser siempre así», asegura María Soledad García, del restaurante Las Calellas. Su comedor ahora se llena al mediodía de camioneros y de trabajadores de la zona. El precio del menú: 11 euros.
Ayer, en este establecimiento trabajaron a tope para atender a la clientela. Esther, socia de María Soledad, explicaba que «comimos a las cinco de la tarde, que fue cuando acabamos de servir los menús del día. No pudimos parar ni un solo instante». Dieron de comer a más de medio centenar de personas, bastantes más de lo que solía ser habitual hasta que comenzaron nuevamente los derrumbamientos de la famosa montaña.
María Soledad recuerda que, pese a la autovía, en su establecimiento nunca llegaron a perder como clientes a muchos camioneros, entre otras razones porque tienen al lado una salida. Esta hostelera recuerda que esta vuelta a la vieja e histórica N-VI es una buena oportunidad para probar los productos de la zona y también su gastronomía.
En la gasolinera de Trabadelo también notaron una mayor afluencia de clientes en los últimos días. El negocio está justamente al lado de la rotonda donde se producen los colapsos «cuando nos llegan las aspas de los molinos».
Entre los empresarios de la zona hay expectación, e indirectamente también ilusión, por saber lo que Fomento va a hacer con la montaña. Juegan con ventaja, porque saben que cualquier decisión que tomen los técnicos pasa por llevar a la zona numeroso personal. «Con un poco de suerte volvemos a la época de cuando se hizo la autovía y, para cualquier negocio, incluidas las constructoras, eso no está nada mal en estos tiempos de paro y crisis», apunta un hostelero. Todos aseguran que, por lo menos para lo que queda de año, están garantizados unos ingresos extras que llegan gracias a una montaña insurrecta que trae en jaque a los técnicos de Fomento.