Donde el paseo marítimo es la A-6

M. C.

GALICIA

Algunos pueblos por los que atraviesa la N-VI han logrado adaptar sus economías a un nuevo escenario carente de tráfico rodado, pero no todos lo han conseguido

10 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Cae la tarde. María Fe Vázquez tiene ochenta años y camina a paso ligero. Manuel Díaz, que el mes que viene cumplirá ochenta y nueve, va tan rápido como ella. Los dos son de Cruzul, en el municipio lucense de Becerreá. Ahí no hay paseo marítimo, ni carril bici. No les hace falta. La reducción del tráfico por la N-VI que supuso la apertura de la autovía del Noroeste ha convertido la vía que une A Coruña con la madrileña Puerta del Sol en un carril perfecto para que los mayores ejerciten las piernas. No hace falta ni chaleco reflectante. «Vimos todos os días, á mañá e á tarde», explica María Fe. Los coches pasan, como mucho, cada cinco minutos, aunque para Manuel Díaz todavía «veñen coches a pilas, pero non tantos como viñan cando non había autovía». Entonces no podía cruzarse andando el puente de Cruzul.

Pero la N-VI, que actualmente está en obras en algunos tramos del trayecto gallego, no es la misma ahí, en esa parte del municipio de Becerreá, que en el vecino de As Nogais o en villas cercanas a las grandes ciudades como Guitiriz, ya en el límite con la provincia de A Coruña.

La carretera cambia en función de la capacidad que tuvieron los pueblos por los que pasaba en adaptarse al nuevo escenario. En Guitiriz, por ejemplo, han reactivado la economía local con el acelerón que en los últimos años ha experimentado el balneario y con el impulso del polígono industrial. En Baralla y en Becerreá han echado mano de la ganadería de carne y de la industria forestal. En Pedrafita do Cebreiro también han enfocado la actividad al Camino de Santiago.

Pero en otros municipios que están en la montaña como As Nogais, todavía no han encontrado una industria o una actividad capaz de paliar los efectos de la desaparición del tráfico. Lo han intentado con el turismo rural, pero para algunos vecinos de la zona es algo «que tiene los días contados, sobre todo en tiempos como los que están por venir».