El colegio mariñano de Ourol tiene doce alumnos y tres docentes que se enfrentan, día a día, a los pros y los contras de una comunidad escolar minúscula
04 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Para Pilar Otero, la directora del colegio público de Ourol, aterrizar hace cinco años en este centro fue todo un cambio. Venía de trabajar en uno que tenía cerca de 600 alumnos y de repente pasó a este con 19. En el actual curso, la matrícula es incluso menor. Con los doce niños y tres profesores que son, más que una comunidad escolar forman una familia en la que todos se conocen por su nombre.
La directora del centro no lo duda un momento. En infantil tiene a Iván, Daniel y Noemí; al segundo grupo van Omar, de 1.º, y María, India y Paula, que cursan 2.º, y en un tercer grupo están los de 5.º: Noelia, Fátima, Mónica, Laura y Felipe.
«Somos privilexiados», afirma Pilar Otero, aunque ser tan poquitos tiene sus pros y sus contras. La ventaja es que queda tiempo para hacer refuerzo educativo, prestar una atención individualizada y conocer muy de cerca los problemas que pueda tener cada alumno, dentro y fuera de clase.
Lo malo es que a veces no se pueden realizar actividades; en gimnasia, materia que imparte la directora, dice esta que se nota mucho esta falta de alumnos. Es imposible, por ejemplo, organizar un equipo para jugar al fútbol. Además, no es cuestión de poner a jugar a los de cinco años contra los mayores y eso que, según la profesora, «son buenísimos y están pendientes de que los pequeños no se lastimen».
Organizar festivales en el colegio de Ourol también es una proeza; hay que trabajar el doble o el triple si quieren dar un espectáculo lucido, pero lo consiguen. Pilar Otero asegura que junto con sus compañeras Ana y Verónica y con la cocinera Pilar (en Ourol son mayoría las mujeres) atienden a este reducido grupo de escolares.
Otra repercusión negativa de ser tan pocos es el choque que se produce cuando estos niños, acostumbrados a este entorno familiar, pasan a estudiar la ESO en un instituto, con varios centenares de compañeros y un montón de profesores; al principio a algunos les cuesta un poco adaptarse y no es raro que se pasen por su antiguo colegio a contar sus cuitas y sus nuevas experiencias.
La escasez de alumnos en el cole es el reflejo de la evolución, a la baja, del censo de población de Ourol, un municipio amplio en territorio que tiene solo 1.273 habitantes, y que se ha dejado por el camino cuatrocientos en los últimos diez años.