La última inyección de la UE

Juan Oliver

GALICIA

La comisaria de Política Regional firmó ayer en Madrid la inversión de 2.800 millones de euros que agotan el derecho de Galicia a beneficiarse de los fondos estructurales

21 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

No habrá más dinero. Al menos en las cantidades conocidas hasta ahora. Los más de 2.800 millones de euros del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder) que Galicia recibirá de aquí al 2013 serán el último empujón que la solidaridad comunitaria ofrezca a los gallegos. A partir de esa fecha, deberán disponer de sus propios recursos para crecer sin ayuda, y prepararse para una reconversión que hace apenas unos años les habría parecido imposible: dejar de ser una de las regiones menos desarrolladas de la UE y olvidar para siempre su condición de eternos perceptores de subvenciones europeas.

La comisaria de Política Regional, Danuta Hübner, firmó ayer en Madrid el Programa Operativo del Feder para Galicia para el período 2007-2013, una inversión a la que los gallegos pueden optar porque su renta por habitante en el período que la UE ha usado para hacer sus cálculos -el trienio 2002-2004- estaba apenas unas décimas por debajo del 75% de la media comunitaria. Si Bruselas hubiese usado datos más actualizados, Galicia se habría quedado sin ese dinero, ya que su PIB per cápita supera hoy el 81% de la media.

Plan Marshall

A principios de los años noventa el indicador de renta gallego apenas alcanzaba el 60% del europeo. Y es cierto que el acelerón de los últimos años se debe en parte al efecto estadístico de la incorporación a la UE de nuevos socios con regiones mucho más pobres. Pero no solo a eso. También porque desde 1994, Galicia, ha disfrutado de un verdadero Plan Marshall, una colosal inyección de capital con la que ha podido financiar la modernización de sus infraestructuras de comunicación (autopistas, carreteras y autovías; ferrocarriles, puertos y aeropuertos); la reconversión de sus sectores agrario, pesquero e industrial; el saneamiento de sus ciudades; la protección de sus espacios ecológicos; la formación de sus trabajadores; la rehabilitación de sus núcleos urbanos históricos; la cohesión y desarrollo de su tejido productivo...

Desde 1994 hasta ahora, los gallegos han obtenido del Feder más de 3.880 millones de euros. Y si bien es cierto que con ese dinero han hecho despegar su economía y sentar las bases de su futuro, no han llegado al nivel de otras autonomías como Asturias, Canarias, Cantabria y Ceuta y Melilla, que reciben hoy menos apoyo europeo porque han crecido más rápido. A día de hoy, Galicia sigue padeciendo graves problemas estructurales que atenazan seriamente su desarrollo.

La tasa de paro sigue por encima de la media española y de la UE, y en los sectores más desfavorecidos la situación es mucho peor, con más de un 17,8% de paro femenino, un 21% de paro juvenil y un 46% de desempleados de larga duración (las cifras europeas rondan el 10, el 17 y el 32%, respectivamente). Además, la tasa de gallegos con un bajo nivel educativo es del 56% y supera con creces la media comunitaria (29%), mientras el índice de empleo en el sector servicios, un 59%, la rebaja en más de siete puntos.

Brecha tecnológica

Aunque lo más grave es la profunda brecha tecnológica que separa a Galicia de los Veintisiete: su inversión en investigación y desarrollo tecnológico (I+D) sigue siendo la mitad de la europea; la aportación privada a ese capítulo es de apenas el 0,3% del PIB -en el resto supera el 1,3%-, y la media de registro de patentes industriales está entre las más bajas del continente. Si no mejoran esos indicadores, los gallegos lo tendrán muy difícil para salir del furgón de cola.

«No podemos arriesgarnos a ser mediocres, porque el riesgo lo corremos, precisamente, si no nos arriesgamos», aseguró ayer el conselleiro de Economía, José Ramón Fernández Antonio, quien asistió en Madrid a la firma del Programa Operativo del Feder. En ese acto, la comisaria Hübner felicitó a Galicia por la «valentía» de haber reorientado sus prioridades y haber desarrollado un presupuesto de gasto que prioriza las inversiones del Feder destinadas a extender la sociedad del conocimiento, a mejorar la competitividad de las empresas y a crear empleo estable y de calidad.

Puede que alguien se asuste ante la posibilidad de que los gallegos dejen de gozar dentro de siete años del colchón financiero de Europa. Pero siempre pasa eso cuando se da el paso desde la cabeza del ratón a la cola del león. Porque es cierto que a Galicia le queda mucho para ser Baviera, Flandes o Londres, pero no tanto, quizá, como para estar orgullosa de no necesitar su ayuda nunca más.