Los servicios de extinción de la Xunta en Pontevedra se enfrentaron durante el otoño a cientos de hectáreas en llamas con sus efectivos diezmados. Begoña Castiñeiras fue una de las brigadistas de Medio Rural que combatió los tardíos fuegos.
-¿Hubo falta de previsión en los incendios de otoño?
-Desde la Xunta, desde luego, sí. Los últimos contratos del personal de verano expiraron el 15 de octubre; justo el día que se empezaron a dar los permisos de quema. Ese fue precisamente el momento en que empezaron los incendios. Nos pillaron totalmente a contrapié. Luego, para reunir de nuevo a las brigadas hubo muchos problemas, porque había gente que ya tenía las vacaciones pensadas y que incluso no estaba en Galicia.
-¿Se notó falta de medios?
-Claro; ya no estaba ni el Ejército ni Protección Civil. Los helicópteros no los contrataron hasta mediados de noviembre. Las brigadas estaban muy mal nutridas; iban cinco brigadas pero en realidad diez brigadistas, y estamos hablando de fuegos de cincuenta y hasta doscientas hectáreas.
-¿Se ha dado por finalizado el dispositivo?
-Hemos cesado finalmente el pasado domingo. En teoría terminábamos el 31 de octubre; ese mismo día, a las ocho de la mañana nos dijeron que trabajaríamos hasta el 11 de noviembre y después hasta el 17. Ahora ya dan por finalizado el dispositivo, pero, sin ir más lejos, la semana pasada hubo incendios en Lalín y en el municipio de Pontevedra, aunque curiosamente no salgan reflejados en los partes de fuegos de Medio Rural.