Desde dentro, el macrocomplejo del Gaiás se alza como el continente sin contenido jamás construido en Galicia y que no deja de tragarse los euros por millones
27 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Nada más cruzar la valla que separa del resto del mundo al macrocomplejo del compostelano monte Gaiás, uno se siente como un achicado Jonás con casco en la barriga de una ballena colosal. Claro que esta ballena come plancton de curso legal y ya se ha tragado casi 313 millones de euros (más de 51.000 millones de pesetas) y sigue alimentándose. Se trata, acaso, del continente sin contenido jamás construido en Galicia.
Llama la atención en semejante intervención la escasa cantidad de obreros que trabajan en el momento de realizar una visita que arranca bajo las torres de Hejduk, que costaron ochocientos mil euros y que están deslucidas, si se las ve de cerca, por una ligera capa de verdín. Y asalta ya la primera duda: ¿Cuántas veces al año habrá que limpiar semejante cristalera y cuánto costará?
En el edificio de la Biblioteca Nacional de Galicia -adjudicada a Necso-Copasa, en dos fases por 38,59 y 6,99 millones de euros- ya se puede hablar de obra acabada. Llama la atención una sala con el suelo de vidrio tan brillante que es la comidilla de obreros y visitantes, por cuanto, aún con polvo, refleja tanto las piernas de quienes lo pisan que es posible ver cualquier cosa que haya debajo de unas faldas; como un espejo indiscreto y en cinemascope. Cuentan que ahí se instalará una exposición sobre la imprenta y el libro.
En el Arquivo Nacional de Galicia, el guía explica que las curvas de la cubierta se han realizado a la manera de una barca, utilizando cuadernas que luego se recubren de pladur, metros y metros cuadrados de pladur. Dicen que hasta tres veces hubo que replantear las estructuras y que este edificio ha sido una gran sala de pruebas para materializar lo que Eisenman dibujó en un papel.
Grandes espacios abiertos, muchísima luz, grandes cristaleras... en la Ciudad de la Cultura del monte Gaiás solo se ve dinero, a la espera de que la utilidad que se le dé a los edificios se materialice. En el macrocomplejo, tan importante como lo que se ve es lo que no se ve, concretamente el túnel de servicios que conecta todos los edificios por debajo de la tierra y en el que pueden maniobrar incluso autobuses. Las instalaciones de la galería, adjudicadas a Dragados, han supuesto una inversión de 7,7 millones de euros y la propia galería, obra de Necso-Copasa, otros 5,3 millones. Alguien del grupo de visitantes lanza una pregunta que, por lo que se ve, sale a menudo: «¿Y unos edificios con semejantes cubiertas no tienen placas de energía solar?». La respuesta es no, simplemente no. A cambio, la cuarcita de las cubiertas cuesta casi unos seis millones de euros.
Amortizar el complejo
De lo que será el Centro de Recursos para Artes Escénicas, Visuais e Musicáis Obradoiro poco más asoma que los pilares. Está presupuestado en 82,5 millones y tenía que realizarse en 54 meses, pero permaneció 14 paralizado. La actividad que ayer había en sus cimientos no se puede decir que fuese, ni mucho menos, frenética. Al acabarse la visita y dejar la presión craneal que produce el casco, te asalta el dolor de cabeza: ¿Cómo se va a amortizar semejante ballena?