Uno de los «sin papeles» se ahogó al intentar subir al pesquero por el cabo que lo unía a la patera El «Nuestra Madre de Loreto» recibió la orden de no entrar en puerto cuando estaba a nueve millas
14 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.«Esto no se hace». José Durá, el armador del Nuestra Madre de Loreto, resumía en la tarde de ayer el sentir de la tripulación de su barco. Tras más de 24 horas de negociaciones, el pesquero estaba próximo a llegar a Trípoli para desembarcar a los 25 inmigrantes que rescataron sobre las once de la noche del miércoles. Durante todo el día, las noticias que recibían en el pesquero sobre la posibilidad de dejar en Libia a los sin papeles fueron confusas: «Primero nos dijeron en Salvamento que no iba a haber problemas, pero luego nos han estado mareando y ahora ?a las 22.30? aún no sabemos si nos van a dejar atracar», explicaba a La Voz. Los temores del armador del Nuestra Madre de Loreto se vieron confirmados horas después, pasada la medianoche, cuando el barco se encontraba a nueve millas de las costas libias. Según indicó el patrón de la embarcación, José Luis Sestayo, natural de Camariñas, en ese momento recibió órdenes de Salvamento Marítimo que le indicaban que no podía desembarcar, puesto que las autoridades españolas y las del país magrebí no habían alcanzado un acuerdo. Ante la noticia, Sestayo no pudo contener el desaliento. Reveló que la tripulación se sentía «cansada» y manifestó tener «más pena por la gente que llevamos con nosotros» porque «han caminado cientos de kilómetros para llegar hasta aquí y ahora les van a devolver al lugar de donde vinieron». En relato por teléfono satélite a este periódico, Sestayo contaba los pormenores del rescate. «Se nos acercó la patera por la noche y chocó con nosotros. Se quedaron parados cerca, con los motores estropeados, así que decidimos remolcarles y les echamos un cabo». Sestayo convino con la tripulación ?trece gallegos y un marinero de Santa Pola? no subir a los inmigrantes a bordo hasta saber el puerto de destino. «No queríamos que se amotinaran si al final nos decían desde España que los lleváramos a Libia». Su decisión no contaba con la actitud de los sin papeles, que no querían quedarse en el pequeño bote (de unos seis metros de eslora). La misma noche del miércoles, uno de los subsaharianos se lanzó al agua agarrado a una garrafa y tuvieron que subirlo al pesquero. El resto permaneció en la patera, pero sólo hasta la mañana de ayer. «Les dimos víveres para desayunar y entonces empezaron a trepar por el cabo que los sujetaba a nuestro barco», recordaba el patrón. El bote no resistió el zarandeo y volcó. «Tenían muchísimo miedo y empezaron a subirse unos encima de otros. Uno de ellos, muy joven, quedó sumergido por los empujones y se ahogó antes de que pudiéramos hacer nada», añadía. Tras el rescate, los inmigrantes fueron acomodados en el barco, que tenía suficiente espacio porque ya había soltado los aparejos, y el armador autorizó a Sestayo a poner rumbo a Libia. Las urgencias eran mayores, ya que el cadáver del ahogado fue izado al barco y corría el riesgo de descomponerse. «Hasta que no sepa que han dejado a los inmigrantes en Trípoli y vuelven a hacerse a la mar no estaré tranquilo», señalaba Durá.